SOCIEDAD THRESHOLD MÉXICO
Orden Sufi Mevlevi

El amor del universo
Segunda parte

Hayy, es el Viviente, el de vida eterna, y Al-lah es el nombre más esencial de Dios. No es el Dios del Islam, sino el Único que existe, el Dios que está más allá de toda descripción, el Dios sobre el cual no podemos discutir porque nunca vamos a poder describirlo o definirlo adecuadamente. Ese Dios, esa Realidad que ansia tanto ser conocida que ofrece su comunicación a la humanidad.

Reconocemos la Torá de Moisés, los salmos de David, los evangelios de Jesús, y el Qur'an del
Islam, como cuatro de los Libros Sagrados más importantes.

Decíamos que el sufismo reposa sobre el fundamento del Islam, y con esto queremos decir que algunos de los términos claves del sufismo se derivan de palabras que están en el Qur'an. Uno de los términos más importantes para nosotros, que está en el Qur'an, es el corazón, y se dice que los seres humanos nos diferenciamos los unos de otros más que nada, en las capacidades o dimensiones de nuestros corazones, y las revelaciones divinas se le ofrecen a la humanidad con el propósito de
fortalecer el corazón, de despertar el corazón y de purificar el corazón.

La esencia de toda revelación, es que nos enseña cómo ser humanos. Esa infinita creatividad e inteligencia que nos creó está compartiendo con nosotros los secretos de lo que significa ser humano.

Así que, la espiritualidad, desde este punto de vista no es trascender sino consumar, completar nuestro estado humano. Y el demonio, si lo entendemos como un demonio, es aquello que nos aleja de nuestra humanidad. El demonio, que no es más que un nombre codificado para nuestro egoísmo, es aquello que nos distorsiona, y disminuye nuestra humanidad.
En el Qur'an se dice que Dios alentó al interior del ser humano su espíritu, y también se dice que Dios hizo al ser humano en la proporción más hermosa, de acuerdo con el modelo más hermoso; de modo que somos creados con este potencial maravilloso y hermoso, y lo que necesitamos más que nada, es el conocimiento de cómo volvernos seres humanos.

Desde el punto de vista del sufismo, es esencial para ser un ser humano, que recordemos a nuestra fuente, de que con cada paso que demos, con cada respiración mantengamos un contacto consciente con la Fuente de vida. Esto es lo que se llama zikr o remembranza de Dios; pero el ser humano puede estar consciente en todo momento de la verdad esencial, de la existencia, de que todos existimos en Dios, de que recibimos nuestro ser de Dios. De que, esencialmente, el ser
humano no es nada; esta gran obra maravillosa, perfecta que es el ser humano es nada más que un espejo de las cualidades de Dios. De que nuestro amor es una cualidad que viene desde la Fuente Divina y que es reflejada a través del corazón humano, de que nuestra percepción, nuestra conciencia son atributos Divinos que han sido prestados al ser humano. Incluso cualidades como nuestra paciencia, nuestra capacidad de perdón, nuestra generosidad, son cualidades Divinas reflejadas a través nuestro. No somos el origen de nada de eso, sino que reflejamos estas hermosas cualidades de la Fuente Divina, y nuestro trabajo consiste en pulir el espejo del corazón de la herrumbre que lo cubre.

Mohammed dijo: hay un pulimento para cada cosa, y el pulimento para el corazón es la remembranza de Dios. También se dice en el Qur'an, y tal vez este es uno de los versos más importantes en todo el libro en verdad, en la remembranza de Dios, los corazones encuentran
la paz
. Se dice que el corazón humano es creado como un ente inquieto siempre en la búsqueda de un objeto que amar, y el remedio para esta inquietud es justamente zikr Al-lah, la remembranza de Dios. Cuando hablamos de remembranza de Dios, no estamos hablando fundamentalmente de pensar en Dios; estamos hablando de un estado de presencia alerta; de presencia despierta, en la cual el ser humano percibe y siente su contacto con el campo de esa Presencia infinita, de que Dios es esa totalidad, y de que cuando abrimos nuestro corazón a esa Totalidad, la percibimos como un todo y formamos parte de ese todo. De modo que esa es la esencia de la practica sufi, eso es lo que
tratamos de hacer con cada respiración, con cada paso.

No se trata de alcanzar ni lograr estados de conciencia alta, de alta energía "aunque estos sí se logran" no se trata de alcanzar esa excitación o esos estados elevados per se. Es posible para el ser
humano, a través de varias prácticas, llegar a estados de energía altos de un nivel cósmico, pero esto se considera incompleto dentro del sufismo. Toda esta búsqueda de iluminación y de logros de estados altos de conciencia, la podemos llamar una categoría de iluminación. Pero el sufi está buscando más que la iluminación. ¿Qué podría haber mas allá de la iluminación? La madurez, la madurez del ser humano, la forma en que vivimos nuestra vida, la forma en que llevamos nuestras relaciones, la forma en que traemos esa remembranza de Dios a cada detalle de nuestra vida, en cada una de nuestras actividades.

Durante catorce siglos, desde la época de Mohammed, el sufismo ha sido una espiritualidad integrada. Una espiritualidad en la cual los logros espirituales más elevados se alcanzan junto con una vida práctica, a menudo dentro del matrimonio, una vida dentro de la comunidad y una vida de servicio.

En estos tiempos, dentro de la historia humana, hay mayor conciencia que antes de que sea posible traer ese estado de conciencia de los místicos a nuestra vida diaria. De que el estado de los místicos no es exclusivo ni primariamente para los monjes o los yoguis o para la gente que se va a vivir a la punta de los cerros o para los ascetas, sino que ese estado se puede traer y llevar a la vida diaria de todas las personas, y es ahí donde creo que reside la fuerza de la Tradición sufi.

Es una espiritualidad relacional. El sufismo no se practica en forma individual, sino en una especie
de familia o comunidad espiritual; no es un culto alejado de la sociedad, sino que es un trabajo que se hace en grupo, en una comunidad espiritual que requiere de cierto tiempo en conjunto sin alejarnos de nuestras familias, de nuestras vidas normales y de nuestro trabajo.

Tenemos una familia de amigos espirituales, amantes de Dios, quienes nos inspiramos unos a otros, y a la vez actuamos como espejos unos a otros. Los sufis a veces llaman a esto la escuela del amor. De hecho, toda la vida se considera que es una escuela de amor, puesto que es el amor lo que nos trajo acá, y el amor es lo único que realmente vinimos a aprender. Sería muy difícil aprender ese amor por nuestra cuenta, en forma individual.

El grupo espiritual, el grupo sufi, o la familia espiritual habitualmente existe, porque hay una o dos personas que han alcanzado un nivel de un grado de madurez dentro de este camino.

Rumi dice: observen como la lana en manos de una tejedora inteligente se transforma en una alfombra hermosa; observen cómo la tierra en manos de --y a través del intelecto de-- un arquitecto se puede transformar en un palacio hermoso. ¿Acaso debería sorprendernos lo
que podría resultar de un ser humano que está en manos de un maestro del amor?
Quizás una de las razones por la que la poesía sufi está siendo tan popular en el mundo occidental de hoy, es porque nos ofrece un éxtasis espiritual en un mundo que está hambriento de ello. El sufismo ha dado origen a toda una cultura del amor, artes, pintura, literatura, que están todas basadas y que tienen incorporado como su elemento esencial el éxtasis. La Tradición sufi ha inspirado alguna de la literatura y de la música más hermosa que el mundo haya conocido. Los sufis se comprometen y trabajan en ceremonias con cantos, movimientos, danzas, con música y poesía extáticas. Es importante darse cuenta y recordar que, en el sufismo, la persona está pasando por un nivel y una
etapa de aprendizaje y esa educación, ese aprendizaje, es la purificación del ser, de todas las pasiones del si-mismo.

Hay un cierto tipo de éxtasis que podemos buscar en forma egoísta, que buscamos a través de la ebriedad, de entregarnos a distintos tipos de autoindulgencia. Puesto que los seres humanos
estamos tan sobrecargados por nuestra conciencia de nosotros mismos, por nuestro egoísmo, buscamos el éxtasis del olvido. Pero el éxtasis del sufi es el es el éxtasis que se alcanza cuando el ser humano puede estar por momentos libre de todo sí-mismo, cuando somos liberados de todas
preocupaciones de nuestro ser; nuestro yo.

En nuestra tradición, conocida como la tradición Mevlevi, hacemos una ceremonia de giro que se llama sema y a veces se nos llama los derviches giradores. En la ceremonia del giro, la mano derecha está levantada en un acto de recibir, y la mano izquierda la enfocamos hacia el suelo en un acto de entregar. El derviche gira sobre su pierna izquierda que se transforma en su eje de giro, y cada paso, cada giro, es de 360 grados. En cada una de estas revoluciones, de estos giros,
recita el nombre de Dios. Con cada respiración, uno toma conciencia de la conexión con el linaje espiritual de iluminación de siete siglos. Con cada giro, uno está en un estado de hiper conciencia, y al mimo tiempo de vaciamiento mental. Cuando digo vacío mental quiero decir que está libre de pensamientos no controlados. Pero el derviche sabe muy bien donde está, y donde está ubicado dentro de una coreografía que se está moviendo, tiene conciencia en ese momento de su relación con Dios; y mientras todo mundo gira a su alrededor, él está recibiendo su energía, la energía con su brazo derecho, siendo el conductor de esta energía para entregarla en un acto de servicio a través de su mano izquierda a la tierra. Y no hay un solo momento durante ese giro, durante esa danza, en que el ensoñamiento sea posible, y tampoco podemos engañarnos a nosotros mismos. Estamos en ese estado o nos golpeamos contra el suelo; y a través de este girar, uno es llevado más y más profundamente hacia el interior, hacia ese punto central interno donde estamos mas cerca de Dios, y también es una forma de remembranza de Dios en el cual cada aspecto del ser humano, físico,
mental, emocional y espiritual, están integrados en una sola acción y en un solo momento, y ese es el acto de adoración del derviche Mevlevi.

Requiere libertad respecto de nuestro ser, estar libres de nuestro sí-mismo y una especie de sobriedad radical. Estoy recordando un poema de Rumi- de un periodo de la vida de Rumi- en el cual estaba extraordinariamente embriagado por el amor a Dios. A menudo los sufis son amados porque parecen romper las preconcepciones tradicionales de piedad y santidad. En su poesía usan metáforas que a sacuden a la mente convencional. Quisiera terminar con un poema de Yalal al-din Rumi:

Yo estoy ebrio y tu estás loco,
¿quién nos va llevar a casa?
Por donde quiera que mire en la ciudad
no veo a nadie consciente; cada uno
está peor que el de al lado, cada uno
peor que el frenético y loco que están allá, más allá.
Querida, ven a la taberna de la ruina
y experimenta los placeres del alma.
¿Qué felicidad puede haber
aparte de esta conversación íntima
con la Amada, el Alma de las almas?
Perteneces a la taberna:
tu ingreso es el vino, y vino
es todo lo que compras.
No des ni siquiera un segundo a las
preocupaciones de los que son solamente sobrios.
¿Acaso he vivido tanto tiempo entre los lisiados
que he empezado a cojear yo mismo?
Sin embargo, ni una bofetada de dolor
puede perturbar una embriaguez como esta.

Gracias por venir esta noche.
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