SOCIEDAD THRESHOLD MÉXICO
Orden Sufi Mevlevi

Batallas internas:

la estructura del Yo en la psicología sufi

Kabir Helminski al-Mevlevi

Traducido al español por Gastón Fontaine y Patzia González Baz

Parte 2 

 

Sin embargo, es necesario tener presente que tanto el espíritu como el ego –siendo dos fuerzas que se contraponen dentro de la naturaleza humana—anhelan ambos tener el control absoluto del corazón. Ibn ‘Arabi escribe:

 

   El conflicto entre la razón y el “yo-que-compele-al-mal” se debe a su misma naturaleza, la que induce a cada uno de ellos a intentar dominar por completo al ser humano y gobernarlo. Incluso aún cuando uno de ellos haya logrado conquistar todo el dominio, el otro sigue luchando por recuperar lo que ha perdido y reparar lo que ha sido destruido.  (Ibn ‘Arabi, Divine Governance of the Human Kingdom, p. 12)

 

 

La manipulación del ego no siempre se manifiesta en forma grotescamente carnal o negativa; puede tomar la forma de una exigencia de atención, o una insistencia muy sutil de salirse con la suya. Puede incluso tomar la forma de prácticas espirituales basadas en motivos egoístas, o puede pernear todo nuestro ser a modo de incapacidad para renunciar a nuestro punto de vista egocéntrico.

La recomendación clásica es que podemos darle al nafs lo que le es propio y nada más. Si empezamos a ceder en cosas menores, corremos el riesgo de ser vencidos por el yo egocéntrico, y perder así el contacto con la conducción del corazón y del espíritu. Lo que comienza como una pequeña culebra de jardín puede, entonces, terminar convertido en un dragón. Dentro de nuestra propia cultura, el nafs egocéntrico encuentra muy poco que se le oponga excepto las fuerzas de otros que son similares a él. El nafs está siempre en conflicto –especialmente con otros egos y con partes de sí mismo—pero la lucha de nafs contra nafs no conduce a nada.

Presumimos acerca de la libertad y los derechos del individuo, pero poco decimos en cuanto a la responsabilidad hacia la comunidad y la familia, y casi nada respecto de nuestra relación y responsabilidades respecto de la Realidad Divina. El sufismo sugiere que el logro de nuestro aspecto humano o humanidad no depende de seguir cada impulso del yo, sino de nuestro sometimiento a lo Divino. El Safismo presupone que el logro de nuestra humanidad no depende de que sigamos cada impulso del ser, sino de que establezcamos una conexión entre el ego y el Espíritu. Ibn ‘Arabi continua:

 

 

     Lo que puede salvar al reino humano del peligro, es su obediencia a una influencia benefactora que viene de afuera. Dicha influencia externa al ser humano es el conjunto de principios divinos. Sólo cuando una persona está abierta y dispuesta a aceptar los principios divinos, el espíritu en su interior reconoce que esta influencia tiene la misma naturaleza y las mismas características que le son propias. Sólo entonces puede distanciarse del “ego-que-compele-al-mal.” Cuando esto ocurre, la razón imagina que ha encontrado un aliado contra el ego y se rebela contra él; comienza así la guerra entre ellos.

      Las dos fuerzas que luchan por dominar al ser humano se percatan de sus diferencias sólo en relación con los principios divinos. No obstante, visto desde fuera, es evidente que una de estas fuerzas pugna por llevar al ser humano a su destrucción, y la otra, a la felicidad. (Ibid)

 

        No es sino hasta que comenzamos a oponernos al nafs que notamos su enorme influencia y cuán poderosa es esta influencia. Si al nafs se le niega un medio de expresión, puede cambiar de estrategia fácilmente y satisfacerse por otros medios. Por ejemplo, podemos controlar su lujuria pero descubrir que aumenta su ira. Puesto que esta batalla entre el espíritu y el ego es virtualmente una guerra entre iguales, la lucha parece a veces sin esperanza.

 

   Aunque Dios creó a su delegado (el ser humano) con los atributos más perfectos, Él vio que éste por si solo era, no obstante, débil, impotente y necesitado. Dios quería que Su delegado fuera consciente de que sólo podría encontrar fuerza en la ayuda y apoyo de su Sustentador (Rabb). Creó una oposición fuerte a él para provocar esta toma de conciencia. Ese es el secreto de las dos opciones contrapuestas que tiene la identidad humana. (Ibid).

 

        En otras palabras, esta lucha entre los dos principios de nuestra naturaleza sólo concluirá cuando entre en escena un poder más alto. Para esto es necesario hacer un llamado de asistencia divina, comprender con humildad nuestra dependencia de Dios, y sin abandonar nuestra lucha con nuestras compulsiones egocéntricas, rezar para que ellas sean disueltas. Los nafs, sin embargo, a menudo se resistirán a dicho llamado.

 

   Tal como un viento puro hace llamear al fuego, el fuego del ego sufre con la Luz Divina Inmaculada. Y al sentir dolor a causa de la luz, imagina que el reino humano –el cual gobierna—también sufrirá por la Luz Divina generada por el espíritu. Por tanto, trata de proteger su reino del sufrimiento cubriéndolo con innumerables velos de inconsciencia, imaginación y deseos. El espíritu generador de la Luz Divina trata de hacer lo mismo para proteger al ser humano del dolor del fuego. Los dos adversarios rivalizan por persuadir al reino humano de sus convicciones y estampan sobre él sus creencias con la esperanza de que éste se les unirá y asumirá los atributos del fuego o los de la luz. Como consecuencia, el reino adherirá a uno de los dos y quedaría sujeto a él.

   Esta es la sedición, el conflicto entre los dos: la causa de sus guerras internas. ¡Si tan sólo uno de ellos, en vez de sólo mirarse a sí mismo pusiera atención a la voz que no deja de llegar del exterior! Entonces vería realmente quien es la causa de todo esto, quien es verdaderamente el que les hace actuar de ese modo. Habría descubierto la verdad. Se establecería la verdad y la justicia. Entonces, ni el espíritu ni el ego podrían decir acerca del otro que hay peligro en “este” o “salvación” en “aquel.”

   Incluso si pudieran verse el uno al otro, habría la posibilidad de paz dentro del reino humano. ¿Cree usted que la oposición a la paz interior es sólo un asunto del “yo-que-compele-al-mal?” Si este desapareciera, todo lo que se está discutiendo aquí no habría tenido existencia. En verdad, es la fuente de todo conflicto. Si Hubiera desaparecido, todo desaparecería.

   Este es el secreto que el Señor muestra a algunos y esconde a otros. El Creador no necesita explicar sus acciones. La prueba está en las palabras del Señor:

   Y si tu Sustentador hubiera querido, ciertamente habría hecho de la humanidad entera una sola comunidad: pero lo dispuso de otro modo, y así siguen adoptando posturas divergentes –todos ellos, a excepción de aquellos sobre los que tu Sustentador ha derramado Su Misericordia. {Qur’an Sura Hud, 11: 118- 119}

 

        “Aquellos sobre los que tu Sustentador ha derramado Su Misericordia,” son aquellos que han sometido sus egos y han recibido las cualidades de Sus Nombres y Atributos Más Bellos. Dicha persona ha visto transformadas las cualidades egocéntricas con la ayuda de la acción exaltante de los principios y formas de vida de inspiración Divina. Esa persona habrá puesto en operación en su interior aquellas cualidades que son verdaderamente humanas.

 

Este ensayo forma parte del libro The Knowing Heart. A Sufi Path of Transformation. 1999.

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