El camino
y el trabajo de la consumación
Kabir Helminski al-Mevlevi
Traducido al español por Gastón Fontaine y Patzia González-Baz
Parte 2
El Sufismo como síntesis
Por cerca de catorce siglos de desarrollo continuo, el Sufismo ha sido un impulso vital en lo espiritual e histórico, que ha guiado e integrado las energías espirituales de cientos de millones de personas. Considerar al Sufismo como una tradición de Oriente, o incluso del Medio Oriente, es un error. Su demanda de universalidad espiritual se basa en una comprensión del Qur’an como síntesis inspirada y como reconciliación de revelaciones anteriores. El Qur’an propone que incontables profetas, o mensajeros, han venido a todas las comunidades de este mundo a través de los siglos y milenios trayendo esencialmente el mismo mensaje. El Qur’an dice ser la confirmación de la autenticidad de estas revelaciones anteriores, que fueron, no obstante, oscurecidas o distorsionadas en mayor o menor medida; y un recordatorio de las verdades esenciales.
Su demanda de universalidad histórica está dada por el poder del Sufismo para asimilar dentro de su propia esencia, los logros espirituales de culturas existentes en toda la región que va desde España a través de África, Arabia Mayor, Turquía, Irán, Asia Central, India, China y el Sudeste Asiático.
El Sufismo integra lo Oriental y lo Occidental, las dimensiones impersonales y personales del Espíritu. Al igual que las Tradiciones Orientales, reconoce la importancia de la contemplación profunda y de la atención en la meditación. Como ellas también, mira más allá de las apariencias hacia la unicidad esencial del Ser. La verdad más elevada del Sufismo -la absoluta indivisibilidad del Ser Bondadoso—está en armonía con tradiciones tales como el Budismo Mahayana y Advaita Vedanta. Paralelamente, al igual que las tradiciones Occidentales, reconoce la importancia de una relación profundamente personal con la Divinidad y de una relación de amor y servicio práctico hacia nuestros congéneres y hacia el mundo natural.
El Sufismo es un camino que enfatiza la presencia del individuo, el afecto humano, la belleza estética, lo práctico, la justicia social y el Amor Divino. Es un camino espiritual que está en armonía con la naturaleza humana y que no opone el logro espiritual a la vida individual, social, familiar o conyugal. En otras palabras, es posible alcanzar el más alto logro espiritual mientras se vive una vida completamente humana. El Sufismo afirma que la reclusión, el ascetismo, el celibato, el monasticismo y el profesionalismo religioso no son ni necesarios ni útiles para alcanzar la madurez espiritual. El Sufismo, después de todo, tiene catorce siglos de experiencia en guiar a las personas a su total madurez humana dentro del contexto de una vida sana e integral.
El Sufismo se desarrolló en muchas dimensiones –social, cultural, estética y científica. Los centros Sufis (Tekkias, dergahs, y Janeqas) eran típicamente lugares de espíritu liberal y aprendizaje continuo. No sólo ofrecían oportunidades para el entrenamiento espiritual y el servicio, también eran centros culturales e intelectuales que introducían en sus respectivas sociedades los valores y logros culturales más altos.
Celaleddin Chelebi el recientemente fallecido director de la Orden Mevlevi y descendiente de Yalal al-din Rumi, nació y creció en una Tekkia Mevlevi en Aleppo, Siria. Él me narró sus memorias valiosas de este lugar; cómo era ésta una comunidad en la cual los sonidos de la música, las charlas y la oración se oían en cada rincón. Me contaba acerca de un derviche veterano que era un gran violinista. A menudo se le oía tocando las composiciones clásicas de la Tradición Mevlevi (y frecuentemente también las composiciones de Bach y otros autores Occidentales), con sus ojos llenos de lágrimas que fluían por sus mejillas y su barba. Era un lugar donde la espiritualidad florecía junto al aprendizaje, el arte y la agricultura. Esta comunidad Mevlevi era moderna en sus actitudes y con frecuencia fue la primera en introducir cambios tecnológicos en la sociedad: el primer tractor, la primera radio y el primer teléfono.
Hace más de mil años el Sufismo creó las asociaciones profesionales en el mundo Islámico; ellas espiritualizaron las artes y oficios y sus principios más seculares nutrieron a Europa más tarde. Los principios de caballería, o de servicio heroico, también son de fuente mística islámica –las órdenes Futtuwah—y fueron traspasadas a Europa en forma similar. La restauración de la agricultura en Asia Central luego de la devastación infligida por los mongoles, fue responsabilidad de cofradías sufis. Durante los siglos del Imperio Otomano, la Orden Mevlevi contribuyó con los ejemplos de diseño y caligrafía más finos, así como música clásica y literatura. Hoy en día, los Sufis están atareados haciendo contribuciones profundas en los campos de los derechos humanos y de resolución de conflictos, en las fronteras de la conciencia y en la psicología transpersonal, en las artes y en el servicio social.
El modelo de iluminación dentro de la tradición Sufi no corresponde usualmente al de un sabio recluido que ha cortado amarras con el mundo, ni al del maestro iluminado, exaltado y servido por un círculo de seguidores La espiritualidad no es una profesión o especialización separada de la vida. El Sufi es alguien que probablemente está casado y tiene familia, y que se mantiene a sí mismo a través de una ocupación socialmente útil. Él o ella no será alguien que acumule poder o riqueza a través de actividades espirituales, sino que ejemplificará las cualidades del servicio y la modestia.
“Un Sufi es un montón de polvo, pasado por cedazo y luego humedecido con unas pocas gotas de agua. Al ser pisado, no daña ni embarra el pie del caminante."
Khwaya 'Abdul-lah Ansari: Rassa’el-Ansaari([1])
El Sufismo es una manifestación de la atracción ineludible de nuestra Fuente. Es el despertar y desarrollo de nuestras facultades humanas latentes, bajo la gracia y protección del Amor Divino. Su comienzo es amor y su final es amor. Lo que Dios quiere de nosotros es amor, y el producto natural del amor es el sometimiento /entrega al amor.
Podríamos expresar de la siguiente manera la destilación de todas las tradiciones espirituales: podemos reunir nuestras voluntades aisladas con la voluntad del Amor. El Sufi busca asir y develar los principios que nos permiten cooperar con este poder del Amor.
El efecto de esta cooperación será que nuestro yo (ego o personalidad individual) será transformado pasando por etapas susceptibles de verificación: desde un estado compulsivo y centrado en si mismo a un estado de integración equilibrada y consiente, y finalmente a un estado de sumisión activa en la que la persona es guiada de manera directa por su propio corazón purificado.
“Setecientos maestros Sufis han hablado del Camino, y el último dijo lo mismo que el primero. Sus palabras fueron diferentes quizá, pero la intención de ellas era la misma. Sufismo es el abandono de pretensiones. Y de todas las pretensiones, ninguna es más gravitante que tu mismo ‘tú.’”
Abu Said: Asraar al-Tawhid([2])
Este ensayo forma parte del libro El corazón sabio: un sendero sufi de transformación, 1999