SOCIEDAD THRESHOLD MÉXICO
Orden Sufi Mevlevi

El aspecto humano
Charla dada en la Academia de Burke
Agosto 1995

Kabir Helminski
Traducida por Gastón Fontaine

    COMENCEMOS POR CONSIDERAR EL MUNDO EN QUE VIVIMOS, la sociedad y la cultura en las que vivimos. Particularmente en Norte América, pero más o menos en todo el mundo moderno, tenemos sociedades que están basadas en el individuo. Especialmente en Norte América y en Europa, pero en general en el mundo moderno como un todo, se considera al individuo como centro de la realidad, como la unidad más importante de la realidad y este supuesto lo invade todo.

    Pero en el mundo moderno, entendiendo por tal el mundo a partir de unos pocos siglos atrás en el caso de Occidente, este individuo que es el centro de la realidad, es en cierto sentido un individuo diferente al de las sociedades tradicionales y al de muchas sociedades orientales. Es un individuo cercenado de lo trascendente, es un individuo lisiado, segregado y a veces emocionalmente enfermo y herido. Y sin embargo, es en este individuo en el que se basa todo y el que es tornado como norma de la realidad.

    Una vez di una charla en una reunión de psicólogos transpersonales y la titule "La Humildad de la Presencia" y el tema que plantee allí fue: "Hablamos acerca de psicología transpersonal como si lo transpersonal fuera algún pequeño adjetivo que pudiera agregársele a la psicología para darle un sabor diferente con el cual nos sintiéramos mas cómodos; hacerla un poco más espiritual que la psicología corriente. Pero, qué es lo 'Transpersonal' sino aquello que nos ha dado nuestro ser y a lo cual debemos someternos por completo; aquello que es la Realidad. No se trata de un ingrediente que podamos agregar a nuestra individualidad, es la Fuente, el Fundamento de nuestra individualidad."

    De modo que estaba tratando de cambiar nuestra perspectiva y decir hay aquí quinientas personas reunidas en nombre de la psicología transpersonal, —entonces seamos honestos acerca de lo que ella es. Debemos intentar comprender qué es y darnos cuenta de que la posición del ser humano individual o de la individualidad en relación a esta realidad transpersonal es una relación de humildad. Y por humildad no entendemos el tener una pobre opinión acerca de nosotros mismos, por humildad no queremos decir vergüenza o culpa, queremos decir entrega, sumisión, queremos decir reconocimiento de que todo lo que somos viene a través de esta Realidad transpersonal y de que todo aquello que anhelamos se alcanza mediante esta Realidad transpersonal que es a la vez inmanente v trascendente.

    Cualquier espiritualidad autentica, la llamemos sufi o no, cualquier espiritualidad que no haya degenerado en algo que sirve a nuestro egoísmo o a nuestra separación, cualquier espiritualidad verdadera, enseña que nuestra humanidad (nuestro aspecto humano), es un tesoro. Fueron nuestros maestros en el Camino Mevlevi, particularmente, quienes nos inculcaron lo increíble que es el ser humano.

    De manera que lo que estamos tratando de desarrollar es nuestro aspecto humano. El próximo trabajo escrito que tengo para ofrecer después de "Presencia Viva", podría titularse Lo sagrado del aspecto humano y trata acerca de la integración del aspecto humano con la Trascendencia, haciéndolos –por completo—una sola cosa.

    Este es nuestro Camino, este es el Camino de Muhammad; este es el Camino de los Profetas, y estamos tratando de aprender, de aprender de verdad, lo que este Camino es. Y si dijera que la espiritualidad es el desarrollo último de nuestro egoísmo no estaría muy lejos de la verdad. Porque nuestro desarrollo espiritual depende del desarrollo de algo en nosotros que es muy fuerte y muy claro, muy dirigido en cierto sentido; y lo que el egoísmo es, lo que el egocentrismo realmente es, no tiene ninguna relación con aquel centro fuerte y claro, con esa claridad de ser, con aquel ojo verdadero; lo que el egocentrismo es está representado por nuestra tendencia a estar fragmentados en una u otra dirección, a ser atraídos fuera de nosotros mismos.

    Entonces la gente se confunde si hablamos de faná como la aniquilación del ego. Deberíamos hablar, en cambio, de la aniquilación de lo irreal, de disolver el falso yo, es decir, de disolver todas las quejas de nuestra vida. No estamos hablando de su represión, sino acerca de su disolución, o en algunos casos de su vómito; la disolución de todos nuestros resentimientos—si tan sólo tuviera otro trabajo, si tan sólo tuviera otro cuerpo, si tan solo tuviera otro socio, si tan sólo tuviera otro cerebro.

    Hablamos entonces de faná –aniquilamiento—como nuestra liberación de todo esto, de la habilidad para ser completamente humanos, para entrar en contacto con algo diferente a lo que nos distrae, que nos desvía de nuestro aspecto humano, de nuestra humanidad. La concepción del demonio, o Satanás, en nuestra tradición, corresponde a aquello que nos desvía de nuestra humanidad se le menciona

muy específicamente en el Qur’an, por ejemplo en la Sura Yusuf donde dice: "en verdad el demonio es un enemigo declarado del ser humano." De modo que podemos pensar en Satanás como aquello que reduce nuestro aspecto humano.

    Entonces, queremos sacar de nuestras mentes la noción de que lo espiritual y lo humano apuntan en diferentes direcciones. No es así en lo absoluto. Pero es necesario descubrir en qué consiste realmente nuestro aspecto humano, nuestra humanidad. Cuando Zuleika trató de seducir a José, en cierto sentido, fue una cosa muy humana. Usamos la palabra humano en ese sentido también, "Oye, soy sólo humano." ¿Qué habría pasado si José hubiera dicho "Soy solo humano," y se hubiera dejado seducir por Zuleika? Habría sido una historia enteramente diferente, y José no habría sido un profeta.

    Pero también sabemos a partir de la historia, que Zuleika, que mantuvo su anhelo hasta el final, fue por ultimo conducida a un lugar donde se le reveló su verdadero Amado.

    Y en algunas historias –no ésta en la Sura Yusuf—pero si en algunas versiones de la historia, Zuleika se encuentra algunos años después con José y finalmente él está en posición de estar con ella; y Zuleika ha envejecido y ha perdido su belleza, pero ha encontrado a su Amado y ya ni siquiera necesita a José. Y todos somos Zuleika y José.

    Un aspecto del ser verdaderamente humanos, es ser capaces de hacer sacrificios. Ahora, el ego puede sacrificarse también. El ego puede, por ejemplo, sacrificarse diciendo: Voy a trabajar ochenta horas a la semana, voy a ahorrar plata y viajare a Paris donde quizá sea descubierto y conozca a una persona verdaderamente sexy; pero por ahora voy a sacrificarme trabajando ochenta horas semanales y ahorrando en el banco. Este es un tipo de sacrificio. Pero, ¿cuál es el sacrificio de un verdadero ser humano? Los padres se sacrifican por sus hijos; en eso hay generosidad pues hay gran cantidad de amor involucrado. Pero aun así, amar a nuestros hijos (siendo algo tan hermoso y educativo, pues es un modelo para nosotros), tiene algo de egoísmo ya que, después de todo, los hijos son como nosotros mismos.

    El mas alto grado de desarrollo, podríamos suponer, es ser capaces de sacrificamos realmente por otros seres humanos sin conocerlos o verlos a todos personalmente sino que en cierto sentido, sentir amor por todas las manifestaciones de la vida. No estamos aun ahí, pero quizá el circulo de nuestro amor se está ensanchando y tal vez, por ejemplo, nuestro amor no esta ya limitado tan sólo a los gustos y aversiones de nuestra personalidad. Quizá podemos mirar más allá de los gustos y aversiones momentáneas de nuestra personalidad; mirar más allá y ver detrás de la máscara, ver el ser de la otra persona sin los lentes distorsionadores de nuestro egoísmo subjetivo. Esto es para lo que sirve también el circulo sufi.

    Anoche les pregunté a algunos amigos, ¿cuál es la parte más importante de este trabajo que estamos desarrollando acá? ¿Son los zikrs?, ¿es el cantar juntos?, ¿son nuestros actos de adoración?, ¿nuestro cocinar juntos?, ¿nuestras conversaciones a la hora de las comidas y a otras horas? Y alguien dijo, "es nuestro amor" que atraviesa todas esas cosas. En el Camino del amor hacemos un llamado a este amor (tantas veces como somos capaces de recordar hacerlo y tanto cuanto podemos ocasionalmente palpar su realidad), lo lamamos en nuestro auxilio para que nos ayude a transformar nuestro egoísmo, porque el ego en sí, el ego demandante, el nafs-i-ammara, es tan hábil, tan poderoso, tan autocomplaciente, que es un tramposo.

    Entonces en nuestro Camino tratamos de recordar llamar permanentemente a este amor para que nos ayude. Y a veces en ese mismo momento sentimos una resistencia en nosotros. La resistencia es ese otro polo. El espíritu sabe y sin embargo, hay algo que se resiste. El ego se resiste a cualquier represión, incluso a la cortesía habitual del sendero. A veces, en vez de verlo como la cosa más natural, en vez de ver la cortesía o adab, como la liberación de la resistencia y como respeto, gentileza y gracia, este ego proyecta hacia ella reserva, apremio, represión, artificialidad.

    En nuestro camino siempre estamos tratando de hacer dos cosas al mismo tiempo: una es desarrollar el ego con todos sus dones al más alto nivel. Tratamos de desarrollar a las personas de muchas maneras, de sacar a la superficie su humanidad, sacar a la luz sus cualidades, sin temor. Integrar a las personas como seres humanos fuertes. Ningún sheij quiere tener derviches débiles o sumisos. La gente en busca del poder puede querer eso. Ningún sheij verdadero quiere eso.
Entonces tenemos ejercicios y se brindan todo tipo de oportunidades; se les entregan responsabilidades a las personas; se les piden cosas. Se ofrece oportunidades todo el tiempo para sacar adelante a las personas, para sacar a la luz a ese yo integrado con todas sus cualidades divinas. Y en este caso el egoísmo está representado por nuestro miedo, nuestra resistencia, nuestra falta de confianza en nosotros mismos, nuestra falta de entrega o sumisión. Este es el egoísmo que debe ser eliminado.

    Y al mismo tiempo –y en completo equilibrio con ello—debemos desarrollar la trascendencia del ego. ¿Queda claro como la integración del ego y la trascendencia del mismo deben estar unidas? Para poder manifestar el ser con claridad, con todas las cualidades que el momento requiere sin estar apegado a ello, no decir mi, mi mismo, yo, ese falso sentido de "yo".

    Un hombre llamado Ernest Becker –quien según creo era un psicoanalista Freudiano—, mientras seguía el camino de Freud fue conducido hacia algo distinto. Fue llevado fuera de la escuela del psicoanálisis y hacia la comprensión de que el ser humano tiene dos propósitos en la vida: uno es desarrollar al máximo su expresión creativa, y el otro es ponerla al servicio de Algo, entregarse a algo más grande que uno mismo.

    Y la enseñanza del sufismo intenta recordarnos a qué vale la pena entregarse. Uno tiene que servir a alguien. Entonces ¿a qué servimos? ¿A aquella pequeña, minúscula parte de nosotros mismos? ¿Serviremos a algunos de aquellos pequeños tiranos que tenemos en nuestro interior?

    De modo que no hay realización al servir tan sólo a este ego. Más bien la realización viene al tener algo mucho más grande a lo que someterse o entregarse. Y el Amigo está pidiendo tu inexistencia, efectivamente, pero no está pidiendo una persona sin existencia. El Amado no está pidiendo un nadie en el sentido de la personalidad Debemos llegar a ser todo aquello que potencialmente somos; debemos hacer realidad todos los dones que tenemos. Me pregunto: ¿Cuánto de nuestro potencial hemos hecho realidad cualquiera de nosotros? Y sin embargo, esto no puede hacerse a voluntad, no puede hacerse sólo a fuerza de voluntad y esfuerzo. No podemos desarrollarnos de ese modo.

    Estoy tan agradecido de los Nombres de Dios, de las Cualidades de Dios en la forma de nombres específicos que usamos en nuestra práctica. Como alguien a quien le atrae la poesía y ama las palabras, los Nombres Divinos son el vocabulario del Poeta Supremo. Y Su poder es tal que si entramos a esos Nombres a través del zikr, por ejemplo, es como poner una espada, una fina espada de Damasco al fuego y mantenerla allí. Después de un rato la sacamos y la espada está al rojo vivo de calor. Uno se pregunta entones, "¿es está una espada de metal o es fuego? Tiene las cualidades de ambas. ¿Eres humano o eres Divino? ¿Eres espiritual o eres material? ¿Existes o no existes? ¿Estás dentro del tiempo o fuera de el? ¿Eres realmente tú?

    Así es que estamos observando adonde nos lleva la vida y este Camino; ha sido bastante interesante hasta ahora. Algunos de nosotros hemos andado este Camino juntos unos cuantos pasos. Puede ser difícil verse a sí mismo, puede ser innecesario hacerlo, pero uno puede ver a otros y ver si el proceso avanza y hacia donde los lleva. Todo es vida; y Vida, Al-Hayy es uno de los Nombres de Dios. Sin esta Vida, ¿qué sería esta existencia material? Saquemos la Vida de esta situación: nos convertiríamos rápidamente en cuerpos en putrefacción.
   
    Esta Vida es un misterio no explicado y nunca será explicado; cómo entra a este mundo, cómo da y quita, cómo establece relaciones, cómo nos hace interdependientes con las sustancias de la existencia.

    Observen en lo que se trasformó Mevlana Yalal al-din Rumi cuando fue educado por el Amor, cuando fue incendiado por el Amor; se volvió un esclavo ebrio de Dios. Pasaba las noches despierto haciendo cientos de postraciones, y no por esfuerzo o testarudez.

    Una noche fue visitado por un grupo de personas y su esposa estaba despierta. La puerta estaba entreabierta y ella vio como Mevlana rezaba con sus amigos toda la noche. No es que ella estuviera excluida, las cosas eran como eran y ella estaba en su sala mientras ellos estaban en la otra sala. Pero en la mañana siguiente Mevlana fue donde ella y le dijo, "Nuestros amigos dejaron estas flores para ti." Era pleno invierno y ella no reconoció las flores—no eran de Konya, eso era seguro. Al día siguiente ella mandó a una persona con las flores por todo el pueblo para ver si alguien en Konya las reconocía. Y alguien las conocía muy bien y pudo decir como se llamaban y explicar que venían del sur de la India.

    Entonces, los sheijs de esta tradición les dirán, "Conviértanse en los Mevlanas de la época". Y si un sheij les dice "Yo soy el Mevlana de estos tiempos", no le escuchen, pero si les dice "sean el Mevlana de su tiempo" escúchenlo, confíen en él.

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