Luces del Sagrado Qur'an: El ayuno
por Kabir Helminski
Traducido por Patzia González Baz
¡Oh USTEDES que han llegado a creer!
Se les ha prescrito el ayuno como se les prescribió
a los que les precedieron,
para que se mantengan conscientes de Dios:
durante un número determinado de días.
Pero, si alguno de ustedes está enfermo o de viaje,
ayunará igual número de otros días;
y en tales casos aquellos que se lo puedan permitir,
que alimenten a un pobre como rescate.
Y quien hace un bien mayor del que debe
a sí mismo se lo hace;
porque ayunar es bueno para ustedes –si supieran.
[2: 183- 184]
Ayunar ha sido una práctica casi universal en la historia espiritual de la humanidad. El Islam sigue esta práctica prescribiéndola para todos los creyentes durante el lapso de un mes lunar.
“El ayuno es el pan de los Profetas, el bocado dulce de los santos,” escribió un santo musulmán del siglo veinte, Hasan Shushud. El ayuno es la meditación del cuerpo, y la meditación es el ayuno de la mente. Ayunar ayuda al cuerpo a purificarse de las toxinas que se acumulan debido a una digestión incompleta y a la impureza en la comida.
El ayuno, siempre y cuando no sea excesivo, está basado en una relación positiva con el cuerpo, ya que alivia la carga de este. Los excesos –ya sea de comida, placeres o otras formas de intoxicación—son un estilo de crueldad hacia el cuerpo debido al precio que este paga por nuestros supuestos placeres.
La purificación deja al cuerpo en un estado de respuesta mayor, sobre todo al sistema nervioso. El hambre reduce la necesidad de sueño e incrementa la vigilia. Comer hasta el tope endurece al corazón, en tanto que el hambre abre al corazón e incrementa el desapego. El hambre también ayuda a quitar algunos de los velos entro nosotros y lo Real; la remembranza de Dios se convierte en nuestro modo de vida. En todas las tradiciones sagradas, el ayuno es un catalizador para el despertar. Coleman Barks (en su libro Open Secret) traduce un dicho de Rumi de la siguiente forma: “Si el cerebro y el estómago están siendo purificados por el fuego del ayuno, a cada momento una canción surge del fuego.”
Con gratitud por estar encarnados, escuchemos lo que el cuerpo tiene que decirnos y utilicémoslo sabiamente. Como siempre, el agradecimiento restaura la perspectiva adecuada y nos recuerda que el cuerpo es un medio para despertar el alma.
Yusuf Alí escribe lo siguiente:
La finalidad del ayuno musulmán no es la auto-tortura. Aunque es un ayuno más estricto que muchos, también marca circunstancias especiales. Si sólo se tratara de abstenerse de comida y de bebida, sería saludable para muchas personas que comen y beben en exceso. En la naturaleza animal, el instinto de comer, de beber y el sexual son muy fuertes. Una restricción temporal de todos estos instintos permite que la atención se dirija a asuntos más elevados. Esto es necesario a través de la oración, la contemplación y actos de caridad –no de los que son ostentosos—sino buscando a personas que realmente están en un estado de necesidad. Se prescribe una norma, pero se recomiendan normas mucho más elevadas. (A. Yusuf Alí, p. 72)
En las últimas líneas antes citadas, podemos discernir dos principios. El primero es hacer más que el mínimo requerido de bondad, de estirarnos y así hacernos bien a nosotros mismos –como en días de ayuno extra. Vivir con la actitud de que voy a hacer lo indispensable, no es el modo de vida que el Qur’an sugiere. Nosotros somos quienes recibimos el beneficio de nuestros actos reparadores y generosos. Al beneficiar a otros, nosotros salimos beneficiados. El principio fundamental es vivir de manera generosa, y hacer más de lo que se nos pide.
La segunda idea en esta aleya, es que ayunar es hacernos un bien. Puede que en nuestro estado ordinario de conciencia, cuando estamos preocupados con satisfacer nuestros deseos y nuestra hambre, esto no sea obvio. No obstante, hay un cierto beneficio en abstenernos de manera intencional de ciertas cosas legítimas y necesarias, por un cierto tiempo prescrito, y con una intención espiritual. Esto nos ayuda a desarrollar un sentido de sacrificio sano, desarrolla nuestra voluntad y –en última instancia—nuestra libertad de elección, volviéndonos más humanos. (Helminski)
Preguntas para reflexionar: piensa en un área específica de tu vida en la que podrías hacer más de lo que estás haciendo, en la que te has dejado llevar por el menor esfuerzo. Permite que esta sea una parte de tu vida en la que te sientas motivada a cambiar.
Este artículo forma parte del libro Las Luces del Sagrado Qur'an de Kabir Helminski.