El libro del carácter:
La purificación de la mente
Camille Adams Helminski
Traducido por Patzia González Baz
¿No ves cómo Dios propone la parábola
de una palabra buena?
Es como un árbol bueno, firmemente enraizado,
que extiende sus ramas hacia el cielo,
y que da sus frutos en cada estación con la venia de su Sustentador.
Y así es como Dios propone parábolas a los seres humanos,
para que reflexionen sobre la verdad.
Y la parábola de una palabra mala es un árbol malo,
arrancado de sus raíces sobre el suelo, totalmente incapaz de resistir.
Así, Dios da firmeza a quienes han llegado a creer
por medio de la palabra de firmeza inquebrantable
en esta vida y en la Otra.
[14: 24 – 27]
¡Oh ustedes que han llegado a creer! Esos recibirán una recompensa doble Y recuerda a Nuestros siervos Abraham, Isaac y Jacob, Y el recuerdo de Dios es en verdad el mayor bien. Las tres suras mencionadas hacen referencia del taujid o Unidad de Dios, y de la pureza de Su persona y atributos. Además, nos señalan hacia la divina providencia y nos alejan de los males del cuerpo y de la mente.[[1]] En el Nombre de Dios, En el Nombre de Dios, En el Nombre de Dios, Así como la huella de cualquier criatura que camine sobre la tierra cabe en la huella del elefante, que es la mayor de todas las huellas –así la atención plena es la cualidad que asegura la tranquilidad mental en todo momento. La atención plena hace que surjan pensamientos benéficos que aún no han surgido. También hace que desaparezcan los pensamientos dañinos que ya se han presentado. En la persona con atención plena, se realizará la bondad que va a ser[[3]]. Y si Mis siervos te preguntan acerca de Mí Continuamente sean conscientes de las oraciones,
Al-Kashani dice, “Puede que el corazón se someta tanto al enojo y al deseo, que quede esclavizado por ellos. De esta manera, el corazón muere y se interrumpe su camino hacia la felicidad eterna. Sin embargo, también es posible que el corazón se someta a otro regimiento del ejército de Al-lah: el conocimiento, la sabiduría y la reflexión. Si sucede lo contrario, y el ejército del enojo y del deseo conquistan al ego, entonces el ser humano estará en una gran pérdida, y este es el estado de la mayor parte de los seres humanos en este momento. Sus intelectos han quedado sujetos a sus deseos—mientras tratan de ocuparse de las necesidades de los deseos—en tanto que son los deseos los que deben someterse al intelecto cuando este lo requiere.”[[4]] Es difícil nacer como ser humano y es difícil vivir la vida de uno. Es más difícil escuchar acerca del camino, y más difícil aún es despertar, levantarse y seguirlo. No obstante, la enseñanza es sencilla: “Deja de hacer daño, aprende a hacer el bien; y purifica tu mente.” “No dañes a nadie por medio de las palabras o acciones. Se moderado al comer. Vive internamente en soledad, y busca la conciencia más profunda.” Esta es la enseñanza.[[5]] Todo lo que somos es resultado de nuestros pensamientos, se basa en nuestros pensamientos y está compuesto de nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos, construimos al mundo. Si hablas o actúas en base a un pensamiento dañino, los problemas te seguirán como la rueda sigue al buey que jala la carreta. Si hablas o actúas en base a un pensamiento armonioso, la felicidad te seguirá como lo hace tu sombra, y nunca te dejará.[[7]] Si tu pensamiento es una rosa, eres un jardín de rosas. Al-Sadiq dice, “Si hay un grupo formado por tres creyentes, entonces dos de ellos no deben conversar juntos sin incluir al tercero, porque esto les ocasionaría dolor y pena.” También dijo, “Habla acerca de tu hermano cuando está lejos, como te gustaría que él hablara de ti cuando tú estás fuerza de su vista. Déjalo a solas en esos momentos en los que a ti te gustaría que te dejen a solas, y actúa en todo momento como una persona que sabe que va a ser premiada por sus buenas acciones y castigada por las malas acciones.”[[9]] “Un creyente es como un hermano para el creyente: no lo oprime, no lo abandona, ni lo estafa, no lo traiciona, no le miente ni lo difama.” [[10]] Al-Sadiq dice, “El musulmán es hermano del musulmán: es su vista, su espejo y su guía. No lo traiciona, ni lo estafa, no lo oprime, ni le miente, no lo difama; tampoco le promete algo y luego reniega de su promesa. [[11]] Abu Basir dijo que Al-Sadiq le contó lo siguiente, “Oh Abu Mohammad, se escrupuloso, esfuérzate mucho, habla con la verdad, guarda todo lo que te encomienden, se buena compañía para los que están a tu lado, y mantente postrado en oración largo rato; esta es la práctica de los que te precedieron.”[[12]]
Manténganse conscientes de Dios,
y hablen siempre con voluntad de manifestar
sólo lo que es justo y verdadero –
entonces Él hará que sus acciones sean completas y sanas,
y perdonará sus pecados.
Y sepan que quien obedece a Dios y a Su Enviado
ha logrado ya un magnífico triunfo.
[33: 70 – 71]
por haber sido pacientes en la adversidad,
y haber repelido el mal con bien,
y haber gastado en los demás de lo que les dimos como sustento,
y porque, cuando escuchaban conversaciones frívolas,
se apartaban de ellas y decían: "Nosotros habremos de dar cuentas
de nuestros actos, y ustedes de los suyos.
La paz sea con ustedes –no buscamos a los ignorantes."
[28: 54 – 55]
En verdad, dichoso será quien se purifique
y recuerde el Nombre de su Sustentador, y rece.
[87: 14- 15]
todos ellos dotados de fuerza interior y de visión:
pues, en verdad, Nosotros los purificamos
por medio del recuerdo de la Otra Vida.
¡Y, ciertamente, a Nuestros ojos están en verdad
entre los elegidos, los realmente buenos!
Y recuerda a Ismael, a Eliseo y a Zul-Kifl,
cada uno de ellos estaba entre los compañeros del Bien.
Esto es un recordatorio
porque, en verdad, la más hermosa de las metas aguarda
a quienes son conscientes de Dios.
[38: 45- 49]
Oh ustedes que han llegado a creer!
No se burlen unos de otros:
puede que esos de quienes se burlan sean mejores que ellos;
ni las mujeres unas de otras:
puede que esas de quienes se burlan sean mejores que ellas.
Y no se difamen unos a otros,
ni se insulten con apodos ofensivos;
mala es toda imputación de iniquidad
después de haber alcanzado la fe;
y los que siendo culpables de ello no se arrepientan
–¡ésos, precisamente, son los malhechores!
¡Oh ustedes que han llegado a creer!
Eviten la mayoría de las conjeturas sobre otra gente
–pues, una parte de esas conjeturas es en sí pecado;
y no se espíen unos a otros,
ni murmuren unos de otros a espaldas de su hermano.
¿Le gustaría a alguno de ustedes comer la carne
de su hermano muerto? ¡Les resultaría repugnante!
Y sean conscientes de Dios.
¡Realmente, Dios acepta el Arrepentimiento
y es Infinitamente Misericordioso!
¡Oh gentes! Ciertamente, les hemos creado
a todos de varón y hembra,
y les hemos hecho naciones y tribus,
para que se reconozcan unos a otros.
Realmente, el más noble de ustedes ante Dios
es aquel que hace el mayor bien.
Ciertamente, Dios es Omnisciente, Consciente de todo.
[49: 11- 13]
[29: 45]
Se cuenta que el Profeta de Al-lah, la paz sea con él, soplaba sobre sus manos al meterse a la cama, pero antes de dormirse; recitaba las dos últimas suras del Qur’an, y luego pasaba sus manos por todo su cuerpo. En otra versión del mismo jadith, se dice que cuando el Profeta –la paz sea con él—se acostaba, juntaba sus manos, soplaba en ellas, y luego recitaba la sura al- Ijlás y las dos últimas suras del Qur’an (Falaq y Nas), y luego pasaba sus manos por todo su cuerpo tres veces, comenzando por la cabeza, cara y el frente de su cuerpo.
el Infinitamente Compasivo y el Más Misericordioso
Di: “Él es el Único Dios:
Dios el Eterno, el que Origina,
no ha engendrado hijos, ni fue engendrado
y Él está más allá de toda comparación.”
[112: 1- 4]
el Infinitamente Compasivo y el Más Misericordioso
Di: “Me refugio en el Señor del Alba
del mal de lo que Él ha creado,
y del mal de la Oscuridad cuando se extiende
y de la malicia de los que soplan sobre los nudos[[2]],
y del mal del envidioso cuando envidia.”
[113: 1- 5]
el Infinitamente Compasivo y el Más Misericordioso
Di: “Me refugio en el Sustentador de la humanidad,
el Soberano de la humanidad,
el Dios de la humanidad,
del susurro malévolo, del tentador evasivo
que susurra en los corazones de los seres humanos—
tanto de las fuerzas invisibles como de los humanos.”
[114: 1- 6]
—sé testigo, Yo estoy cerca;
respondo a la invocación de quien Me invoca,
cuando Me invoca;
deja, pues, que Me respondan y crean en Mí,
para que puedan seguir el camino recto.
[2: 186]
y háganlas en la forma más excelente;
y estén presentes ante Dios con devoción y entrega.
[2: 238]
Tu mente perceptiva es ya luminosa y brilla intensamente. Pero, tú la coloreas con tus apegos. No es fácil comprender esto, y muchos no lo hacen. No cultivan su mente perceptiva. Pero esa mente luminosa y brillante, está libre do todo apego a nivel esencial, porque estos van y vienen. Debes comprender esto, y para ti debe haber el cultivo de la mente perceptiva.[[6]]
Si tu pensamiento es una espina, eres leña para la estufa.[[8]]
“Mi Sustentador ha ordenado que mi hablar sea una remembranza, mi silencio sea reflexión y mi mirada sea una exhortación.” [[13]]
Muyajid relató que el Mensajero –comentando las palabras de Al-lah Ay del difamador, y del falaz, dijo “El difamador es aquel que critica a las personas, y el falaz quien chismorrea acerca de otros [literalmente: come su carne].”
Al-Sadiq dijo, “Los [sirvientes] más amados por Al-lah son aquellos que son veraces al hablar, que guardan la oración y cumplen con todo aquello que Al-lah les ha prescrito –esto incluye cumplir la promesa.” [[14]]
“Toda la bondad está contenida en tres cosas: tu mirada, tu silencio y tu hablar. Mirar sin reflexionar es negligencia; el silencio sin meditar es una falta de atención plena; y hablar sin remembranza son palabras huecas. La felicidad será de aquellos cuya mirada es una lección, cuyo silencio es una meditación, cuyas palabras son remembranza, que lloran debido a sus errores y en cuyas manos las personas se encuentran protegidas del mal.” [[15]]
Tus palabras dependen de ti hasta que las expresas; pero una vez que las expresas, tú dependerás de ellas. ~ Hazrati Alí. [[16]]
Sé impecable con tus palabras
Sé impecable con tus palabras. Habla con integridad. Evita usar las palabras para hablar en contra de ti mismo o para chismear acerca de otros. Usa el poder de tus palabras en la dirección de la verdad y del amor.
l Primer Acuerdo es el más importante y también el más difícil de cumplir. Es tan importante que sólo con él ya serás capaz de alcanzar el nivel de existencia que yo denomino "el cielo en la tierra”.
El Primer Acuerdo consiste en ser impecable con tus palabras. Parece muy simple, pero es sumamente poderoso.
¿Por qué tus palabras? Porque constituyen el poder que tienes para crear. Son un don que proviene directamente de Dios. En la Biblia, el Evangelio de San Juan empieza diciendo: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. Mediante las palabras expresas tu poder creativo, lo revelas todo. Independientemente de la lengua que hables, tu intención se pone de manifiesto a través de las palabras. Lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por medio de las palabras.
No son sólo sonidos o símbolos escritos. Son una fuerza; constituyen el poder que tienes para expresar y comunicar, para pensar y, en consecuencia, para crear los acontecimientos de tu vida. Puedes hablar. ¿Qué otro animal del planeta puede hacerlo? Las palabras son la herramienta más poderosa que tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son como una espada de doble filo: pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras, que crea un infierno en vida. El otro es la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza, amor y el cielo en la tierra. Según cómo las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas. Toda la magia que posees se basa en tus palabras. Son pura magia, y si las utilizas mal, se convierten en magia negra.
Esta magia es tan poderosa, que una sola palabra puede cambiar una vida o destruir a millones de personas. Hace años, en Alemania, mediante el uso de las palabras, un hombre manipuló a un país entero de gente muy inteligente. Los llevó a una guerra mundial sólo con el poder de sus palabras. Convenció a otros para que cometieran los más atroces actos de violencia. Activó el miedo de la gente, y de pronto, como una gran explosión, empezaron las matanzas y el mundo estalló en guerra. En todo el planeta los seres humanos han destruido a otros seres humanos porque tenían miedo. Las palabras de Hitler, que se basaban en creencias y acuerdos generados por el miedo, serán recordadas durante siglos.
La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas. Las semillas son opiniones, ideas y conceptos. Tú plantas una semilla, un pensamiento, y éste crece. Las palabras son como semillas, iy la mente humana es muy fértil! El único problema es que, con demasiada frecuencia, es fértil para las semillas del miedo Todas los mentes humanas son fértiles, pero sólo para la clase de semilla para la que están preparadas. Lo importante es descubrir para qué clase de semillas es fértil nuestra mente, y prepararla para recibir las semillas del amor.
Fíjate en el ejemplo de Hitler: Sembró todas aquellas semillas de miedo, que crecieron muy fuertes y consiguieron una extraordinaria destrucción masiva. Teniendo en cuenta el pavoroso poder de las palabras, debemos comprender cuál es el poder que emana de nuestra boca. Si plantamos un miedo o una duda en nuestra mente, creará una serie interminable de acontecimientos. Una palabra es como un hechizo, y los humanos utilizamos las palabras como magos de magia negra, hechizándonos los unos a los otros imprudentemente.
Todo ser humano es un mago, y por medio de las palabras, puede hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo. Continuamente estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones. Por ejemplo, me encuentro con un amigo y le doy una opinión que se me acaba de ocurrir. Le digo: "¡Mmmm! Veo en tu cara el color de los que acaban teniendo cáncer". Si escucha esas palabras y está de acuerdo, desarrollará un cáncer en menos de un año. Ese es el poder de las palabras.
Durante nuestra domesticación, nuestros padres y hermanos expresaban sus opiniones sobre nosotros sin pensar. Nosotros nos creíamos lo que nos decían y vivíamos con el miedo que nos provocaban sus opiniones, como la de que no servíamos para nadar, para los deportes o para escribir. Alguien da una opinión y dice: "¡Mira qué niña tan fea!”. La niña lo oye, se cree que es fea y crece con esa idea en la cabeza. No importa lo guapa que sea; mientras mantenga ese acuerdo, creerá que es fea. Estará bajo ese hechizo.
Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente y cambian por entero, para bien o para mal, nuestras creencias. Otro ejemplo: Quizás pienses que eres estúpido, y tal vez lo hayas creído desde siempre. Este acuerdo es muy difícil de romper, y es posible que te lleve a realizar muchas cosas con el único fin de convencerte de que realmente eres estúpido. Puede que hagas algo y te digas a ti mismo: “Me gustaría ser inteligente, pero debo de ser estúpido, porque si no lo fuera, no habría hecho esto". La mente se mueve en cientos de direcciones diferentes y podríamos pasarnos días enteros atrapados únicamente por la creencia en nuestra propia estupidez.
Pero un día alguien capta tu atención y con palabras te hace saber que no eres estúpido. Crees lo que esa persona dice y llegas a un nuevo acuerdo. Y el resultado es que dejas de sentirte o de actuar como un estúpido. Se ha roto todo el hechizo sólo con la fuerza de las palabras. Y a la inversa, si crees que eres estúpido y alguien capta tu atención y te dice: «Sí, realmente eres la persona más estúpida que jamás he conocido", el acuerdo se verá reforzado y se volverá todavía más firme.
Veamos ahora lo que significa la palabra impecabilidad. Significa “sin pecado". Impecable proviene del latín pecatus, que quiere decir "pecado". El im significa "sin”, de modo que impecable quiere decir ""sin pecado". Las religiones hablan del pecado y de los pecadores, pero entendamos qué significa realmente pecar. Un pecado es cualquier cosa que haces y que va contra ti. Todo lo que sientas, creas o digas que vaya contra ti es un pecado. Vas contra ti cuando te juzgas y te culpas por cualquier cosa. No pecar es hacer exactamente lo contrario. Ser impecable es no ir contra ti mismo. Cuando eres impecable, asumes la responsabilidad de tus actos, pero sin juzgarte ni culparte.
Desde este punto de vista, todo el concepto de pecado deja de ser algo moral o religioso para convertirse en una cuestión de puro sentido común. El pecado empieza con el rechazo de uno mismo. El mayor pecado que cometes es rechazarte a ti mismo. En términos religiosos, el autorrechazo es un «pecado mortal», es decir que te conduce a la muerte. En cambio, la impecabilidad te conduce a la vida.
Ser impecable con tus palabras es no utilizarlas contra ti mismo. Si te veo en la calle y te llamo estúpido, puede parecer que utilizo esa palabra contra ti, pero en realidad la utilizo contra mí mismo, porque tú me odiarás por ello y tu odio no será bueno para mí. Por lo tanto, si me enfurezco y con mis palabras te envío todo mi veneno emocional, las estoy utilizando en mi contra.
Si me amo a mí mismo, expresaré ese amor en mis relaciones contigo y seré impecable con mis palabras, porque la acción provoca una reacción semejante. Si te amo, tú me amarás. Si te insulto, me insultarás. Si siento gratitud por ti, tú la sentirás por mí. Si soy egoísta contigo, tú lo serás conmigo. Si utilizo mis palabras para hechizarte, tú emplearás las tuyas para hechizarme a mí.
Ser impecable con tus palabras significa utilizar tu energía correctamente, en la dirección de la verdad y del amor por ti mismo. Si llegas a un acuerdo contigo para ser impecable con tus palabras, eso bastará para que la verdad se manifieste a través de ti y limpie todo el veneno emocional que hay en tu interior. Pero llegar a este acuerdo es difícil, porque hemos aprendido a hacer precisamente todo lo contrario. Hemos aprendido a hacer de la mentira un hábito al comunicarnos con los demás, y aún más importante, al hablar con nosotros mismos. No somos impecables con nuestras palabras.
En el infierno, el poder de las palabras se emplea de un modo totalmente erróneo. Las usamos para maldecir, para culpar, para reprochar, para destruir. También las utilizamos correctamente, por supuesto, pero no lo hacemos muy a menudo. Por lo general, empleamos las palabras para propagar nuestro veneno personal: para expresar rabia, celos, envidia y odio. Las palabras son pura magia -el don más poderoso que tenemos como seres humanos- y las utilizamos contra nosotros mismos. Planeamos vengarnos y creamos caos con las palabras. Las usamos para fomentar el odio entre las distintas razas, entre diferentes personas, entre las familias, entre las naciones... Hacemos un mal uso de las palabras con gran frecuencia, y así es como creamos y perpetuamos el sueño del infierno. Con el uso erróneo de las palabras, nos perjudicamos los unos a los otros y nos mantenemos mutuamente en un estado de miedo y duda. Dado que las palabras son la magia que poseemos los seres humanos y su uso equivocado es magia negra, utilizamos la magia negra constantemente sin tener la menor idea de ello.
Por ejemplo, había una vez una mujer inteligente y de gran corazón. Esta mujer tenía una hija a la que adoraba. Una noche llegó a casa después de un duro día de trabajo, muy cansada, tensa y con un terrible dolor de cabeza. Quería paz y tranquilidad, pero su hija saltaba y cantaba alegremente. No era consciente de cómo se sentía su madre; estaba en su propio mundo, en su propio sueño. Se sentía de maravilla y saltaba y cantaba cada vez más fuerte, expresando su alegría y su amor. Cantaba tan fuerte que el dolor de cabeza de su madre aún empeoró más, hasta que, en un momento determinado, la madre perdió el control. Miró muy enfadada a su preciosa hija y le dijo: "¡Cállate! Tienes una voz horrible. ¿Es que no puedes estar callada?».
Lo cierto es que, en ese momento, la tolerancia de la madre frente a cualquier ruido era inexistente; no era que la voz de su hija fuera horrible. Pero la hija creyó lo que le dijo su madre y llegó a un acuerdo con ella misma. Después de esto ya no cantó más, porque creía que su voz era horrible y que molestaría a cualquier persona que la oyera. En la escuela se volvió tímida, y si le pedían que cantase, se negaba a hacerlo. Incluso hablar con los demás se convirtió en algo difícil. Ese nuevo acuerdo hizo que todo cambiase para esa niña: creyó que debía reprimir sus emociones para que la aceptasen y la amasen.
Siempre que escuchamos una opinión y la creemos, llegamos a un acuerdo que pasa a formar parte de nuestro sistema de creencias. La niña creció, y aunque tenía una bonita voz, nunca volvió a cantar. Desarrolló un gran complejo a causa de un hechizo, un hechizo lanzado por la persona que más la quería: su propia madre, que no se dio cuenta de lo que había hecho con sus palabras. No se dio cuenta de que había utilizado magia negra y había hechizado a su hija. Desconocía el poder de sus palabras, y por consiguiente no se la puede culpar. Hizo lo que su propia madre, su padre y otras personas habían hecho con ella de muchas maneras diferentes: utilizar mal sus palabras.
¿Cuántas veces hacemos lo mismo con nuestros propios hijos? Les lanzamos opiniones de este tipo y ellos cargan con esa magia negra durante años y años. Las personas que nos quieren emplean magia negra con nosotros, pero no saben lo que hacen. Por ello debemos perdonarlos, porque no saben lo que hacen.
Otro ejemplo: Te despiertas por la mañana sintiéndote muy contenta. Te sientes tan bien, que te pasas dos horas delante del espejo arreglándote. Entonces, una de tus mejores amigas te dice: “¿Qué te ha pasado? Estás horrorosa. Mira tu vestido; haces el ridículo". Ya está; con eso es suficiente para enviarte a lo más profundo del infierno. Quizás esa amiga te hizo este comentario sólo para herirte, y lo consiguió. Te dio una opinión que llevaba tras ella todo el poder de sus palabras. Si aceptas esa opinión, se convierte en un acuerdo, y entonces tú misma pones todo tu poder en esa opinión, que se convierte en magia negra.
Los hechizos de este tipo son difíciles de romper. La única manera de deshacer un hechizo es llegar a un nuevo acuerdo que se base en la verdad. La verdad es el aspecto más importante del hecho de ser impecable con tus palabras. La espada tiene dos filos: en uno están las mentiras que crean la magia negra, y en el otro, está la verdad que tiene el poder de deshacer los hechizos. Sólo la verdad nos hará libres.
***
Considera las relaciones humanas diarias, e imagínate cuántas veces nos lanzamos hechizos los unos a los otros con nuestras palabras. Con el tiempo, esto se ha convertido en la peor forma de magia negra: son los chismes.
Los chismes son magia negra de la peor clase, porque son puro veneno. Aprendimos a contar chismes por acuerdo. De niños, escuchábamos a los adultos que nos rodeaban chismorrear sin parar y expresar abiertamente su opinión sobre otras personas. Incluso opinaban sobre gente a la que no conocían. Mediante esas opiniones, transferían su veneno emocional, y nosotros aprendimos que esta era la manera normal de comunicarse.
Contar chismes se ha convertido en la principal forma de comunicación en la sociedad humana. Es la manera que utilizamos para sentirnos cerca de otras personas, porque ver que alguien se siente tan mal como nosotros, nos hace sentir mejor.
Hay una vieja expresión que dice: "A la miseria le gusta estar acompañada"", y la gente que sufre en el infierno no quiere estar sola. El miedo y el sufrimiento son un aspecto importante del sueño del planeta; son la razón de que ese sueño nos continúe reprimiendo.
Si hacemos una analogía y comparamos la mente humana con un ordenador, el chismorreo es comparable a un virus informático, que no es más que un programa escrito en el mismo lenguaje que los demás, pero con una intención dañina. Se introduce en el ordenador cuando menos te lo esperas, y en la mayoría de los casos, sin que ni siquiera te des cuenta. Una vez se ha introducido en él, tu ordenador no va demasiado bien o no funciona en absoluto, porque todo se lía y hay tal cantidad de mensajes contradictorios que resulta imposible obtener resultados satisfactorios.
El chismorreo entre los seres humanos funciona de la misma manera. Por ejemplo, empiezas un curso con un nuevo profesor; es algo que esperabas desde hace mucho tiempo. El primer día te encuentras con alguien que anteriormente asistió a ese curso y te dice: "Ese profesor es un pedante y un pelmazo! No tiene ni idea, y además, es un pervertido, de modo que ve con cuidado".
Las palabras de esa persona y las emociones que te transmitió cuando te hizo este comentario se te quedan inmediatamente grabadas; sin embargo, no eres consciente de qué motivos tenía para hacértelo. Quizás estaba enfadada por haber suspendido, o simplemente hacía suposiciones fundamentadas en el miedo y los prejuicios. Pero dado que has aprendido a ingerir información como un niño, parte de ti cree el chisme. Y en la clase, mientras el profesor habla, sientes que el veneno aparece en tu interior y te resulta imposible comprender que lo ves a través de los ojos de la persona que te fue con el chisme. Entonces, empiezas a hablar de ello con los otros integrantes del curso, hasta que acaban por ver al profesor del mismo modo: como un pelmazo y un pervertido. Realmente no soportas estar ahí, y pronto decides dejar de ir. Culpas al profesor, pero el culpable es el chisme.
Un pequeño virus informático es capaz de generar un lío de este tipo. Una mínima información errónea puede estropear la comunicación entre las personas e infectar a todos aquellos que toca, que a su vez contagian a más gente. Imagínate que cuando otras personas te cuentan chismes, introducen virus informáticos en tu mente que hacen que pienses cada vez con menor claridad. Después imagina que, en un esfuerzo por aclarar tu propia confusión y para aliviarte del veneno, tú también chismorreas y contagias estos virus a otras personas.
Ahora, imagínate que esta pauta prosigue en una cadena interminable entre todos los seres humanos de la Tierra. El resultado es un mundo lleno de personas que sólo pueden obtener información a través de circuitos que están obstruidos por un virus venenoso y contagioso. Una vez más, este virus es lo que los toltecas denominaron mitote, el caos de miles de voces distintas que intentan hablar al mismo tiempo en la mente.
Aún peores son los magos negros o “piratas informáticos", que extienden el virus intencionadamente. Recuerda alguna ocasión en la que tú mismo (o alguien que conozcas) estabas furioso con otra persona y deseabas vengarte de ella. Para hacerlo, le dijiste algo con la intención de esparcir el veneno y conseguir que se sintiera mal consigo misma. De niños actuamos de este modo casi sin darnos cuenta, pero a medida que vamos creciendo, nuestros esfuerzos por desprestigiar a la gente son mucho más calculados. Entonces, nos mentimos a nosotros mismos y nos decimos que la persona en cuestión recibió un justo castigo por su maldad.
Cuando contemplamos el mundo a través de un virus informático, resulta fácil justificar incluso el comportamiento más cruel. N o somos conscientes de que el mal uso de nuestras palabras nos hace caer más profundamente en el infierno.
***
Durante años, las palabras de los demás nos han transmitido chismes y nos han lanzado hechizos, pero lo mismo ha hecho la manera en que utilizamos las palabras con nosotros mismos. Nos hablamos constantemente, y la mayor parte del tiempo decimos cosas como: ""Estoy gordo. Soy feo. Me hago viejo. Me estoy quedando calvo. Soy estúpido, nunca entiendo nada. Nunca seré lo suficientemente bueno. Nunca seré perfecto". ¿Ves de qué modo utilizamos las palabras contra nosotros mismos? Es necesario que empecemos a comprender lo que son las palabras y lo que hacen. Si entiendes el Primer Acuerdo (Sé impecable con tus palabras), verás cuántos cambios ocurren en tu vida. En primer lugar, cambios en tu manera de tratarte y en tu forma de tratar a otras personas, especialmente aquellas a las que más quieres.
Piensa en las innumerables veces que has explicado chismes sobre el ser que más amas para conseguir que otras personas apoyasen tu punto de vista. ¿Cuántas veces has captado la atención de otras personas y has esparcido veneno sobre un ser amado para hacer que tu opinión pareciese correcta? Tu opinión no es más que tu punto de vista, y no tiene por qué ser necesariamente verdad. Tu opinión proviene de tus creencias, de tu ego y de tu propio sueño. Creamos todo ese veneno y lo esparcimos entre otras personas sólo para sentir que nuestro punto de vista es correcto.
Si adoptamos el Primer Acuerdo y somos impecables con nuestras palabras, cualquier veneno emocional acabará por desaparecer de nuestra mente y dejaremos de transmitirlo en nuestras relaciones personales, incluso con nuestro perro o nuestro gato.
Cuando eres impecable con tus palabras, tu mente deja de ser un campo fértil para las palabras que surgen de la magia negra, pero sí lo es para las que surgen del amor. Puedes medir la impecabilidad de tus palabras a partir de tu nivel de auto estima. La cantidad de amor que sientes por ti es directamente proporcional a la calidad e integridad de tus palabras. Cuando eres impecable con tus palabras, te sientes bien, eres feliz y estás en paz.
Puedes trascender el sueño del infierno sólo con llegar al acuerdo de ser impecable con tus palabras. Ahora mismo estoy plantando una semilla en tu mente. Que crezca o no, dependerá de lo fértil que sea tu mente para recibir las semillas del amor. Tú decides si llegas o no a establecer este acuerdo contigo mismo: Soy impecable con mis palabras. Nutre esta semilla, y a medique crezca en tu mente, generará más semillas de amor que reemplazarán a las del miedo.
El Primer Acuerdo cambiará el tipo de semillas para las que tu mente resulta fértil.
Sé impecable con tus palabras. Este es el primer acuerdo al que debes llegar si quieres ser libre, ser feliz y trascender el nivel de existencia del infierno. Es muy poderoso. Utiliza tus palabras apropiadamente. Empléalas para compartir tu amor. Usa la magia blanca empezando por ti. Dite a ti mismo que eres una persona maravillosa, fantástica. Dite cuánto te amas. Utiliza las palabras para romper todos esos pequeños acuerdos que te hacen sufrir.
Es posible. Lo es porque yo mismo lo hice y no soy mejor que tú. Somos exactamente iguales. Tenemos el mismo tipo de cerebro, el mismo tipo de cuerpo; somos seres humanos. Si yo fui capaz de romper esos acuerdos y crear otros nuevos, también tú puedes hacerlo. Si yo soy impecable con mis palabras, ¿por qué no tú? Este acuerdo, por sí solo, es capaz de cambiar toda tu vida. La impecabilidad de tus palabras te llevará a la libertad personal, al éxito y a la abundancia; hará que el miedo desaparezca y lo transformará en amor y alegría.
Imagínate lo que es posible crear sólo con la impecabilidad de las palabras. Trascenderás el sueño del miedo y llevarás una vida diferente. Podrás vivir en el cielo en medio de miles de personas que viven en el infierno, porque serás inmune a él. Alcanzarás el reino de los cielos con este acuerdo: Sé impecable con tus palabras. [[17]]
[1] Mohammed al-Gazali. Remembrance and Prayer, p. 206
[2] De los que soplan sobre los nudos: los que generan constricción, que exacerban las dificultades.
[3] Anne Bancroft, The Pocket Buddha Reader (Anguttara Nikaya) p.38.
[4] Shaykh Fadhlalla Haeri, The Prophetic Traditions of Islam, p.148.
[5] Anne Bancroft, The Pocket Buddha Reader, (Dhammapada) p.70-71.
[6] Ibid, (Anguttara Nikaya) p.71.
[7] Ibid, (Dhammapada) p.157.
[8] Mevlana Yalal al-din Rumi, Masnavi.
[9] Shaykh Fadhlalla Haeri, Prophetic Traditions in Islam, p. 205.
[10] Ibid, p.214.
[11] Ibid, p.219
[12] Ibid, p.186
[13] Ibid, p.101
[14] Ibid, p.221
[15] Ibid, p.101
[16] M. Fethullah Gulen, Prophet Muhammad, The Infinite Light, p. 168.
[17] Don Miguel Ruiz. Los cuatro acuerdos. Un libro de sabiduría tolteca. Barcelona: Editorial Urano, 1998. pp. 47 - 67