SOCIEDAD THRESHOLD MÉXICO
Orden Sufi Mevlevi

La purificación del cuerpo

Camille Helminski
Traducido por Patzia González Baz

¡COMAN de las cosas buenas de que les hemos proveído, pero no excedan en ello los límites de la equidad

no sea que caiga sobre ustedes Mi enojo:

pues, aquel sobre quien cae Mi enojo

se ha arrojado en verdad a su perdición total!

Pero, aún así, ciertamente, perdono todos los pecados

de aquel que se arrepiente, llega a creer,

hace buenas obras, y luego

se mantiene en el camino recto.

[20: 81 – 82]

 

 

¡OH USTEDES que han llegado a creer!

Se les ha prescrito el ayuno como se le prescribió

a aquellos que los precedieron,

para que se mantengan conscientes de Dios.

Y QUIEN hace un bien mayor del que debe,

a sí mismo se lo hace;

porque ayunar es bueno para ustedes –si lo supieran.

 [2:183-4]

 

 Cuando hacía oración, el Profeta acostumbraba decir lo siguiente: Oh Al-lah, Te pido salud y agradecimiento por la salud tanto en este mundo como en el siguiente.[i]

 

En otro hadith, el Profeta hizo una mención acerca de lo agradable de estar limpio, cuando preguntó a sus compañeros: “Si uno de ustedes tuviese un río junto a la puerta de su casa, y se lavara en él cinco veces al día, ¿estaría sucio?” “no,” le respondieron, “no estaría sucio.” El Profeta (S) comentó: “Este es el ejemplo de las cinco plegarias [cotidianas] con las que Al-lah limpia sus pecados.”[ii]

 

Dentro de la tradición islámica, tanto la oración como la ablución que le precede se ofrecen a los seres humanos como un medio para purificar el cuerpo así como el corazón y la mente. Se nos alienta a mantener limpios nuestros cuerpos y a comer de las cosas buenas que Dios nos ha dado para mantener saludable esta casa corporal del Espíritu. También se recomienda ayunar periódicamente para purificar al cuerpo, la mente y el corazón.

Los treinta días de ayuno y oración son semejantes al Mandala puja de la tradición hindú. El nombre Ramadán se deriva de la palabra sánscrita Rama-dhyana. Dhyana significa meditar y Ram –en sánscrito—significa “aquél que brilla en el corazón.” De esta manera. Ramadán habla de un tiempo dedicado a meditar acerca de Dios.[iii]

 

Uno de los requisitos prácticos antes de que una súplica sea aceptada es que la persona que pide lleve una vida honesta y gane su sueldo a través de un trabajo lícito. La comida que consume, la ropa que usa, de hecho, todas sus posesiones deben ser permitidas y adquiridas lícitamente. Esto supone desarrollar cualidades nobles como la honestidad, buen comportamiento y contentarse con lo que uno tiene. Estas cualidades nos aseguran ser sujetos del amor de otros y de sentimientos fraternales de buena voluntad. Se requiere de una voluntad fuerte para lograr todas estas cualidades nobles.

    Muslim menciona que Abu Hurairah dijo que el Profeta, la paz sea con él, dijo: “En verdad, Al-lah es puro y sólo acepta lo que es bueno y puro. Al-lah exhortó a los creyentes lo mismo que exhortó a Sus mensajeros diciendo: ‘¡Oh apóstoles! Gocen de (todas) las cosas buenas y puras, y obren con rectitud, puesto que Sé bien (todo) lo que hacen.’ Al-lah también dice: Oh creyentes, coman de las cosas buenas de las que les Hemos provisto.’”[iv]

 

 La pobreza voluntaria del Profeta fluía de manera natural de la conciencia de Todo está abocado a perecer salvo Su Faz [28:88]. En una ocasión el Profeta dijo: “¿Qué tengo que ver con este mundo? Este mundo y yo somos como un jinete y un árbol bajo el cual se cobija. Luego sigue su camino y deja el árbol tras de sí.” Hazrati ‘Alí decía: “Cualquier persona que se aferra con fuerza a la vida se convierte en un blanco para la mala fortuna, y las vicisitudes del destino.” Estos jadith son una expresión de la virtud del Desapego o ijtisab. El desapego no está relacionado con mantenerte separado o alejado de otras personas o con evitar la vida. Más bien, está relacionado con la capacidad de aceptar lo que Dios quiere enviar, y con soltar aquello que Dios quiere quitar. Como dijo el Profeta, “Una persona no encontrará la dulzura de la fe hasta que haga caso omiso de los frutos de este mundo.” También dijo lo siguiente: “En este mundo contentarse con poco no significa usar ropa burda y comer comida burda; más bien significa poner la rienda a nuestras expectativas.”

    De acuerdo a Al-Gazzali, el egotismo y el vicio aparecen no sólo como un exceso, sino también como deficiencias… el yo que obliga (nafs ammará) puede decirnos que nos adoremos a nosotros mismos; también puede decirnos que nos dañemos y seamos autodestructivos. En ambas situaciones se ha asegurado que nos involucremos de más en pensar y preocuparnos acerca de nosotros mismos, cuando debiéramos estar recordando a Dios. Tanto el exceso como la deficiencia en nuestro carácter va a interferir con nuestra capacidad para sentir la Presencia de Dios, que es exacto lo que el “yo que obliga” busca. Por lo tanto, Al-Gazali recomienda que seamos moderados en el comer, evitando los excesos de la glotonería y de ayunar en demasía. Al-Gazali hace referencia a una cita de Abu Sulayman que dice: “Si te ponen enfrente algo que tiene que ver con un deseo al que has renunciado, entonces toma sólo un poco de ello, pero no le des a tu alma la cantidad que desea. De esta manera. Lograrás eliminar un deseo sin convertirlo en un placer para tu alma.” El Qur’an lo dice de la siguiente manera: y coman y beban con libertad, pero no sean extravagantes. [7:31][v]

 

El Profeta Muhammad no deseaba vivir de manera menos espartana que su gente. Su comida principal solía ser un especie de atole llamado sawig que tenía leche y dátiles; el resto del día sólo hacía otra comida de dátiles y agua. A menudo no comía y se acostumbró a amarrarse una piedra plana sobre su estómago para mitigar el hambre.[vi]

Luqman el Sabio dijo una vez a su hijo: “Si el estómago está lleno, entonces se adormece la reflexión, se acalla la sabiduría y las extremidades descansan de postrarse.”

 

Son muchas las ventajas del hambre: la claridad y el vigor del corazón; el deleite en la obediencia, una debilidad a nivel físico que nos frena de hacer mal o de ser negligentes, acalla el deseo sexual que se vuelve excesivo cuando el estómago está lleno; aleja el sueño –que por su propia naturaleza nos hace estar lánguidos, permite que nuestra vida se nos escape y no nos permite levantarnos a rezar durante la noche. El Mensajero dijo: “El estómago es la casa de la enfermedad.”

No obstante, la meta es lograr un equilibrio, encontrar el camino medio –cuando el Mensajero se enteró que algunos musulmanes ayunaban todos los días y se mantenían en vela haciendo oración toda la noche, les prohibió seguir haciéndolo.

De esta manera, es mejor para la persona que no se sienta pesada después de comer, y que no sufra los retortijones del hambre; más bien, que olvide su estómago y no permita que influya sobre ella. La meta de comer es mantenernos vivos y mantener nuestra fuerza para la adoración: comer en exceso hace que nos olvidemos de la devoción, y los retortijones del hambre absorben al corazón y debilitan al devoto. Al-lah ha dicho: “coman y beban con libertad, pero no sean extravagantes,” [7: 31] y este versículo resume todo lo ya mencionado[vii].

 

El Sagrado Qur’an también aclara que el ayuno siempre ha sido una manera de purificarse para todas las almas que anhelan la guía divina: “¡Oh ustedes que han llegado a creer! Se les ha prescrito el ayuno como se le prescribió a aquellos que los precedieron, para que puedan (aprender) a controlarse a sí mismos.” [2: 183] el Profeta Muhammad recibió de la Divinidad un sistema completo de purificación espiritual que él practicaba y que enseñó s sus seguidores. Sin embargo, este no es el lugar para explicar de manera detallada como este sistema confirma y perfecciona los sistemas de los profetas que le precedieron. Es suficiente decir que todos los profetas, como lo revela el Sagrado Qur’an, vivían, de manera existencial, la verdad que dice que un ser humano no puede sentir el anhelo del alma de vivir una vida veraz a menos que purifique su existencia terrenal. La purificación se da cuando el alma se apega a una fuente superior que lo guíe, cuando se controlan los apetitos del cuerpo físico y cuando se le da a la divinidad en nuestro interior la posibilidad de expresarse y de sobreponerse a la existencia mundana. Esto significa reconocer que la purificación es develada por la Revelación hecha a todos los profetas cuando fueron guiados por la Divinidad a descubrir el camino verdadero para las almas que anhelan rendirse a Al-lah[viii].

 

Al-Sadiq dijo: “Si ayunas, entonces ayuna también con tu oído, con tu vista y con tu piel; y para toda acción que dañe a otras personas y que hagas para ostentar. Debes tratar el ayuno con respeto. Una vez el Mensajero escuchó a una mujer que insultaba a su servidumbre durante su ayuno. El Profeta pidió algo de comer y se lo ofreció a esta mujer. Ella respondió: ‘Estoy ayunando.’ ‘¿Cómo puedes ayunar cuando insultas a tu servidumbre?’ Ayunar no sólo es abstenerse de comida y bebida.”[ix]

Si uno se enoja, debería decir: “Busco refugio de Satanás el maldito,” puesto que el enojo viene de Satanás. Si uno de ustedes se enoja, debe hacer la ablución con agua, puesto que el enojo viene del fuego. El enojo es de Iblis (Satanás), que es una criatura de fuego, y el agua apaga el fuego[x].



[i] Shaykh Fadhlalla Haeri, Prophetic Traditions of Islam, p.160.

[ii] Abu Ghudda, Islamic Manners, p.26.

[iii] Ravishankar, Sri Sri. Hinduism and Islam, Bangalore, India: Vyakti Vikas Kendra:  2002, p.7.

[iv] Hasan Al-Anani. Freedom and Responsibility, p.201.

[v] Charles Upton, contributor.

[vi] Charles leGai Eaton, Islam and the Destiny of Man, p.117.

[vii] Shaykh Fadhlalla Haeri, Prophetic Traditions of Islam, pp.158-159.

[viii] Aisha Rafea, “The Soul’s Longing,” Women of Sufism, A Hidden Treasure.

[ix] Ibid, p.120

[x] Ibid., p.236

Al-Sadiq relata como el Profeta dijo un día a sus compañeros: “La riqueza que no ha sido purificada [dando una parte a los pobres] está maldita, así como el cuerpo que no ha sido purificado –aunque sea sólo una vez en un lapso de cuarenta días—está maldito.” Entonces le preguntaron: “Oh Mensajero, sabemos cuál es la purificación de la riqueza, ¿qué es la purificación del cuerpo?” Él respondió: “Que sea afectado por una enfermedad.” Las caras de los presentes cambiaron de tono, cuando el Mensajero vio esto les preguntó: “¿Entienden lo que acabo de decir?” Ellos respondieron: “No, ¡Oh Mensajero!” El Profeta respondió: “Que una persona esté ansiosa, padezca mala suerte, cometa errores, que padezca enfermedades, se le entierren las espinas, o cosas parecidas, de manera que los ojos le lastimen.” El Mensajero dijo: “Todo tiene su modo de purificarse, y el del cuerpo es el ayuno.”[i]

 

Al-Sadiq dijo: “No hay nada que dañe más al corazón de un creyente, que comer de más. Provoca dos cosas: una dureza de corazón y excita el deseo. El hambre es nutrimento para el creyente, comida para el espíritu y el corazón, y es salud para el cuerpo.”[ii]

 

–        y, en verdad, levantarse durante la noche

es la mejor manera de gobernar al alma

y la mejor hora para Palabras de oración.

 Ciertamente, de día tus ocupaciones son muchas;

pero tanto de noche como de día,

recuerda el nombre de tu Sustentador,

y conságrate a Él con total devoción.

El Sustentador del este y del oeste:

no hay más deidad que Hu:

 atribúyele, pues, sólo a Hu

 el poder de determinar tu destino.

 [73:1-9]

 

Abu Hanifa dijo al Imam Al-Sadiq: “Oh Abu Abd AL-lah, ¿qué te da paciencia durante la oración? Respondió, “¡Ay de ti, Oh Núman! Sabe que la oración es el sacrificio de toda persona que teme a Dios, y que le hajj es la contienda de toda persona débil; hay un zakat para todo, y el zakat del cuerpo es el ayuno; la mejor obra es esperar la ayuda de Al-lah en algún asunto; y una persona que clama a Al-lah de palabra, pero no de obra, es como un arquero cuyo arco no tiene cuerda. Recuerda estas palabras, Oh Núman.”[iii]

 

El Mensajero dijo: “La fuerza no reside en el combate físico, sino en controlarse cuando uno está enojado.[iv]”.

 

Podemos deducir de todo lo anterior, que hay cuatro grados de purificación: la limpieza física del cuerpo de toda impureza; la purificación de los miembros de toda acción incorrecta o criminal; la purificación del corazón de todo comportamiento odioso y falto de cortesía; y la purificación de la esencia de nuestro ser de todo aquello que no sea Al-lah –y esta es la purificación de los profetas y de los creyentes verdaderos.[v]

 

Y purifica tu vestimenta.

[74:4]

 

El Profeta dijo: “la pureza es la mitad de la fe, la pureza es la clave de la oración; el Din [religión] ha sido basado en la limpieza; el peor sirviente [de Al-lah] es aquél que está sucio; que cualquier persona que obtenga vestimentas, se asegure de que esté limpio.[vi]

 

El Profeta (S) ayudaba, él mismo, con las tareas cotidianas del hogar, remendaba su ropa y también mantenía en buen estado la vestimenta de su cuerpo; tenía buena condición física. Era muy bueno como arquero y como luchador, ayudaba en la construcción de proyectos comunitarios, y a veces jugaba a las carreras con A’isha, su joven esposa.

  

La arquería

 

Sabe que la arquería es una habilidad noble… si te preguntan ¿con quién se originó la arquería? Di: entre nuestra gente, se originó con Hamza que la practicó mucho. Se dice que el Profeta lanzaba flechas y no hay duda de que usó el arco… Alentaba a la práctica de la arquería y bendecía a los arqueros…

Si te preguntan, ¿Cómo llegó el arco a la existencia? Responde: Gabriel lo trajo a Adán cuando él había cultivado algunas tierras y los pájaros llegan a comerse sus semillas. Adán lograba que se fueran de un lado cuando ya estaban en el otro. Frustrado, Adán no sabía qué hacer y apeló a Dios diciendo: “Oh Dios mío, muéstrame una manera de mantener a esos pájaros alejados de mis campos.”

Dios envió a Gabriel con un arco y tres flechas, lo puso en sus manos y le enseñó como disparar las flechas. Luego de que varios pájaros fueron cazados por las flechas, dejaron de acercarse y los campos de Adán estuvieron a salvo.

Si te preguntan: ¿Qué es lo primero que necesita un arquero? Responde: Un maestro considerado. Si una persona no tiene un maestro, no puede comenzar a dominar esta habilidad. Puede intentarlo pero no llegará muy lejos y no será de utilidad…

Si sus flechas no dan en el blanco, el alumno no debe sentirse desanimado; la primera flecha que Adán soltó no dio en el blanco…

No debe tener envidia de otra persona cuyas flechas vayan más rectas y tengan mejor tino que él; en cambio, debe alabar a la otra persona.

(El alumno) no debe deleitarse con sus logros y volverse arrogante, pues en la victoria hay muchos altibajos…

Si te preguntan: ¿cuál es el espejo del arquero? Diles: el blanco; la persona debe mantener su ojo sobre el blanco de manera ininterrumpida, desde el momento de poner la flecha en la cuerda del arco hasta soltarla.

Cuando pregunten sobre la forma del arco, di que es un semicírculo.

Si alguien pregunta acerca del significado de este, diles que el semicírculo significa el grado de posibilidad que recibe continuamente la gracia de lo necesario. El significado de estas palabras es que en la existencia lo posible necesita a lo necesario. Por lo tanto, quien tome un arco con su mano debe recordar sus propias necesidades y reconocer que ha llegado a la existencia por medio de otro poder, y no debe descuidar Su servicio.

Si preguntan acerca del significado de la cuerda del arco, diles: es la línea que separa lo que existe entre la posibilidad y la necesidad. En esto hay un misterio del cual no está permitido hablar.

Cuando te pregunten: ¿Qué le dice el arco a la flecha? Respóndeles: Dice “vuela en línea recta para que alcances la meta deseada…”

Si te preguntan: ¿qué simbolizan las letras de la palabra arco (kamdn = K, M, A, N)? Di lo siguiente:

Kaf (K) indica generosidad (karma); o sea, que el arquero debe ser generoso y caballeroso.

Mim (M) indica compasión (marhamat); debe ser compasivo a aquellos que están bajo sus órdenes.

Alif (A) indica fe, creencia (i’tiqad); su fe debe mostrar que es bien intencionado y correcto.

Nun (N) muestra consejo (nasita); no debe guardar para sí su enseñanza y su consejo, sino compartirlos con sus compañeros y colegas.

Quien no posea estos cuatro atributos no es digno de empuñar el arco.

En árabe, las letras que corresponden a la palabra arco (qawsh) son Qaf, Waw,  y Sin. La (Q) Qaf es para la aceptación (qabal), la (W) Waw simboliza piedad (wará), y la (S) Sin es para la salud (salamat) del espíritu; esto es, que el arquero debe hacerse aceptable a los corazones por medio del servicio, pasar su tiempo en el asceticismo y la piedad, y tener un alma sana para que el tomar y soltar del arco sea legítimo.[vii]

 

 

Zen y el arte de los arqueros japoneses

 

Cuando se l despliega el arco en toda su extensión, nos explicó el Maestro, abarca en sí el "Todo"; de ahí que sea tan importante aprender a extenderlo adecuada­mente. Luego, escogió el mejor y más fuerte de sus arcos y, asumiendo una actitud ceremoniosa y digna, dejó volver varias veces a su posición original la cuerda levemente estirada. Este movimiento produce un agudo chasquido, acompañado de un sonido profundo que, después de ha­berlo escuchado cierto número de veces, es imposible olvi­dar, tan extraño resulta, tan conmovedoramente se apodera del corazón… Después de este significativo acto introductorio de purificación y consagración, el Maestro nos orde­nó que lo observáramos atentamente. Hizo una muesca y colocó una flecha en el arco -extendiéndolo en tal forma que temí por un momento que no resistiera la tensión ne­cesaria para abarcar el Todo- y disparó la flecha. Todo esto no sólo resultaba conmovedoramente hermoso, sino que parecía haber sido ejecutado con muy poco esfuerzo.

El Maestro nos dictó entonces sus instrucciones: "Ahora hagan otro tanto, pero recuerden que la arquería no tiene por objeto fortalecer los músculos. Cuando estiren la cuer­da, no deben ejercer toda la fuerza de que su cuerpo es capaz; antes bien, deben aprender a dejar que sólo actúen sus dos manos, dejando relajados los múscu­los del hombro y del brazo, como si éstos contemplaran la escena impasibles. Sólo cuando puedan hacer esto, habrán cumplido una de las condiciones que logran que el acto de estirar el arco y disparar la flecha sean actos «espiritua­les»." Con estas palabras, se apoderó de mis manos y las fue guiando



[i] Ibid, p.127.

[ii] Ibid, p.157.

[iii] Shaykh Fadhlalla Haeri, Prophetic Traditions of Islam, p.75.

[iv] Ibid, p.236

[v] Ibid, p.163

[vi] Shaykh Fadhlalla Haeri, Prophetic Traditions of Islam, p.161

[vii] “La arquería” se tomó del libro The Royal Book of Sufi Chivalry, de Kashifi Sabzawari, Husayn Waiz traducido por Muhtar Holland, p. 351-354.

lentamente a través de las distintas fases del movimiento que deberían ejecutar en el futuro, como si tratara de acostumbrarme a él.

Aun en el primer intento con un arco de práctica de me­diana resistencia, observé que tenía que hacer mucha fuer­za para curvarlo. Esto se debe a que el arco japonés, a diferencia del arco deportivo europeo clásico, no se sostie­ne al nivel del hombro, posición en que el cuerpo puede ceñirse mejor a él. Por el contrario, una vez colocada la flecha, debe sostenerse el arco con los brazos totalmente extendidos hacia adelante, de manera que las manos del arquero queden situadas un poco más arriba de su cabeza.

Lo único que, en consecuencia, el arquero puede hacer en tal circunstancia es extenderlas separadamente a derecha e izquierda y, cuanto más distantes se hallan, más se cur­van hacia abajo, hasta que la izquierda, que sostiene el arco con el brazo extendido, viene a descansar al nivel del ojo, en tanto que la diestra, que estira la cuerda, es sostenida con el brazo doblado sobre el hombro derecho, de manera que la extremidad de la flecha de tres pies de largo so­bresale un tanto del borde exterior del arco, tan grande es la distancia. Antes de, disparar el tiro, el arquero debe permanecer en esa actitud durante un rato. La fuerza ne­cesaria para practicar este método singular de sostener y extender el arco hacía que mis manos, después de unos instantes, comenzaran a temblar, y que mi respiración se hiciera cada vez más difícil, inconveniente que ni siquiera en las semanas que siguieron logré subsanar. La acción de extender el arco seguía siendo un problema para mí, y a pesar de la práctica tanto más esmerada, se resistía a hacerse "espiritual". Para alentarme, pensé que debía de haber algún ardid para hacerlo, que el Maestro por algu­na razón no quería divulgar, y puse todo mi empeño en descubrirlo.

Firmemente resuelto a lograr mi propósito, continúe prac­ticando. El Maestro seguía atentamente mis esfuerzos, co­rregía con serenidad mi rigidez, elogiaba mi entusiasmo, me censuraba por dilapidar mis fuerzas, pero en otros sen­tidos casi no me daba indicaciones, aunque siempre ponía el dedo en la llaga cuando al estirar yo el arco, me decía: "relájese, relájese" -palabra que acababa de aprender­—(éste era mi punto débil) aunque, es justo decirlo, nunca perdió la paciencia ni dejó de mostrarse amable. Pero lle­gó el día en que fui yo quien perdió la paciencia y admití que me resultaba materialmente imposible extender co­rrectamente el arco.

"No puede hacerlo –explicó el Maestro—porque no res­pira correctamente. Retenga suavemente el aire después de inspirarlo, de modo que la pared abdominal esté tensa y dilatada, y manténgalo dentro un rato. Luego, vaya ex­halando con la mayor lentitud y uniformidad posibles y, después de unos momentos, aspire nuevamente un breve sorbo de aire, inspirando y exhalando continuamente, siguiendo un ritmo que acabará por mantenerse solo. Si hace esto correctamente, notará que cada día el disparo de la flecha se hace más y más fácil pues por medio de esta manera de respirar descubrirá no sólo la fuente de toda energía espiritual, sino que hará que esa fuente fluya con mayor abundancia y se expanda más fácilmente pro­pagándose por sus miembros cuanto mayor sea su relaja­miento." Como si quisiera demostrármelo, estiró su arco resis­tente y me invitó a colocarme a sus espaldas y palpar los músculos de su brazo. En efecto, estaban totalmente re­lajados, como si no estuvieran realizando esfuerzo alguno.

Al principio practiqué la nueva forma de respiración sin arco ni flecha, hasta que se convirtió en un acto natural y la leve sensación de incomodidad que observé al co­mienzo fue desapareciendo rápidamente. El Maestro con­cedía tanta importancia al acto de exhalar el aire hasta el fin de la manera más lenta y uniforme posible que, para una mejor práctica y un mayor control, hizo que lo combináramos con un ruido semejante a un zumbido, y sólo cuando éste se había acallado con nuestro último aliento nos permitía inhalar nuevamente. La inhalación, dijo cierta vez, une y combina; al retener el aire en los pulmones, se facilita la acción, y el acto de exhalarlo li­bera y completa mediante la abolición de todas las limi­taciones. Pero aun no estábamos preparados para enten­der el verdadero sentido de sus palabras.

El Maestro procedió luego a relacionar la respiración –que naturalmente hasta ese momento no había sido practicada sólo por ella misma-, con el arte de los arqueros. El proceso unificado de extensión del arco y disparo de la flecha fue dividido en varias partes: tomar el arco, colocar la flecha en su muesca, levantar el arco, estirarlo y dejarlo fijo en el punto de tensión máxima; luego disparar.

Cada uno de estos movimientos comenzaba con la inhalación de aire, era seguido por la firme contención del aliento y finalizaba con la exhalación. El resultado fue que la respiración acabó adecuándose espontáneamente, y no sólo ponía de relieve las posiciones y los movimientos de cada una de las manos, sino que los aunaba en una secuencia rítmica que sólo dependía de nuestra capacidad torácica individual. A pesar de estar fraccionado en par­tes, todo el proceso parecía una sola cosa viviente, ínte­gramente contenida en sí y ni siquiera remotamente com­parable a un ejercicio gimnástico, al cual se pueden agre­gar o suprimir fragmentos sin que por ello se altere su significado y carácter

No puedo evocar aquellos días sin recordar, una y otra vez, lo difícil que me resultó aprender a respirar correc­tamente. Aunque inhalaba técnicamente bien, cada vez que intentaba mantener relajados los músculos de mis bra­zos y hombros mientras extendía el arco, los músculos de las piernas se me ponían rígidos, como si toda mi vida dependiera de un pie firme y de una posición segura, o como si, a semejanza de Anteo, tuviera que extraer mis fuerzas de la tierra. A menudo al Maestro no le quedaba otra alternativa que apoderarse, con la rapidez del rayo, de uno de los músculos de mi pierna, y presionado en un punto particularmente sensible. En una ocasión en que para excusarme advertí que estaba esforzándome con­cientemente por mantenerme relajado, el Maestro me res­pondió: "Ése es precisamente el problema. Usted se es­ fuerza en pensar en ello. Concéntrese enteramente en su respiración, como si no tuviera otra cosa que hacer". Me­ llevó mucho tiempo lograr lo que el Maestro quería, hasta que por último lo conseguí. Aprendí a "perderme" en la respiración y con tanta facilidad que a veces tenía la sen­sación de no estar respirando, sino –a pesar de lo extraño que ello pueda parecer—siendo respirado. Y aun cuando en momentos de reflexión me debatía contra esta idea atrevida, no podía dejar de reconocer que la respiración brin­daba realmente todo cuanto el Maestro me había anun­ciado. En algunas ocasiones –cada vez más menudo a medida que iba pasando el tiempo—extendía el arco y lo mantenía tenso hasta el momento del disparo mientras todo mi cuerpo permanecía en total relajamiento, sin que pudiera explicarme cómo había ocurrido. La diferencia cualitativa entre estos pocos tiros satisfactorios y los in­contables fracasos era tan convincente que estaba dispuesto a admitir que al fin había acabado por comprender lo que significaba en realidad extender el arco "espiritualmente."

 

Así, lo que había estado tratando vanamente de lograr no era un ardid técnico, sino la liberación del dominio de la respiración a través de nuevas y fabulosas posibilidades y digo esto no sin experimentar ciertos recelos pues co­nozco muy bien la tentación de sucumbir a una influencia poderosa y, dejándose cegar por el autoengaño, exagerar la importancia de una experiencia sólo por el hecho de que es insólita. Pero, a pesar de toda posible equivocación y de tanta grave reserva, la verdad es que los resultados obtenidos merced a la nueva técnica de respiración –pues con el tiempo llegué a estirar el arco resistente del Maes­tro con los músculos relajados—eran demasiado evidentes para ser negados.

 

Cierto día, comentando todo esto con nuestro amigo Ko­machiya, le pregunté por qué razón el Maestro se había limitado durante tanto tiempo a contemplar mis infruc­tuosos esfuerzos por estirar "espiritualmente" el arco, y por qué no había hecho hincapié desde el principio en la necesidad de respirar correctamente. "Un gran Maestro –respondió Komachiya—tiene que ser al mismo tiempo un gran preceptor. Aquí entre nosotros las dos cosas van a la par. Si hubiera comenzado las lecciones con ejerci­cios respiratorios, nunca habría podido convencer a usted de que debe precisamente a esos ejercicios algo decisivo. Era necesario que usted fracasara primero en sus esfuer­zos, que naufragara en sus propios intentos antes de estar preparado para recoger el salvavidas que le ofrecía.[1]

 



[1] “Zen y el arte de los arqueros japoneses” está tomado del libro Zen and the Art of Archery de Eugen Herrigel, p.17-23.

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